miércoles, 22 de septiembre de 2010

OTOÑO

Para muchos el otoño es la estación más triste y melancólica del año, quizá por eso el otoño tiene tanta tradición literaria. Hay estudiantes y profesores malpensados que opinan -pero a los malpensados nunca hay que hacerles caso, aunque puedan tener razón- que el otoño es triste, sobre todo porque empiezan las clases. Sea como sea, ¿quién no se ha sentido en otoño más inclinado a escribir poesía? ¿El chasquido de las hojas bajo los pies en otoño no despierta sentimientos de hermandad con la naturaleza más profundos que los documentales ecologistas? El otoño, en conclusión, es un buen amigo de la poesía, de la filosofía y, desgraciadamente, también de la gripe.

No nos vayamos por las ramas ni por las hojas. El poema que hemos seleccionado para celebrar la llegada del otoño pertenece a la poesía adolescente de uno de nuestros más grandes poetas, Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura. Son versos sencillos y profundos a la vez, como sencilla y profunda es la belleza del otoño.

!Este año en otoño, sin que sirva de precedente, queda prohibida la tristeza!




Mi alma es hermana del cielo
gris y de las hojas secas;
sol enfermo del otoño,
mátame con tu tristeza.

Los árboles del jardín
están cargados de niebla;
mi corazón busca en ellos
esa novia que no encuentra.

Y en el suelo frío y humedo
me esperan las hojas secas;
!si mi alma fuera una hoja
y se perdiera entre ellas!

El sol ha mandado un rayo
de oro viejo a la arboleda;
un rayo flotante, dulce,
luz para las cosas muertas.

!Qué ternura tiene el pobre
sol para las jojas secas!
Una tristeza infinita
vaga por todas las sendas;

lenta, antigua sinfonía
de músicas y de esencias,
algo que dora el jardín
de ensueño de primavera.

Y esa luz de ensueño y oro
que muere en las hojas secas
alumbra en mi corazón
no sé que vagas tristezas.

De "Arias tristes" (1903)

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