martes, 1 de marzo de 2011

LA PRIMAVERA SE ACERCA, QUE NO NOS PILLE DESPREVENIDOS




"La primavera" de Sandro Botticelli

"La primavera ha venido
nadie sabe cómo ha sido"

Ya lo dijo el bueno de Antonio Machado, pero a nosotros no queremos que nos pille por sorpresa, así que nos adelantamos a su ansiada venida con la esperanza de acelerarla en estos días en que de nuevo el frío campa por sus respetos.

No es que nos queramos pasar de previsores -cada cosa a su tiempo y no por mucho madrugar amanece más temprano- pero queremos preparar un  librito en este Blog con "poemas para la primavera", al igual que ya hicimos con nuestro amigo el invierno. No queremos que haya envidias ni favoritismos, a cada cual lo suyo.

Y, como en esa ocasión, queremos completarlo con la colaboración de todos los que, rebuscando en ajadas antologías de versos o navegando por Internet, quieran ayudarnos a reunir poemas que tengan como protagonista a la primavera. Pueden ser de autores españoles o hispanoamericanos, pero también poemas traducidos de otras lenguas. Enviadlos como comentarios a esta misma entrada de forma anónima, con seudónimo o con vuestro nombre -cualquier fórmula es buena- o a la dirección de correo lengua.laserna@gmail.com,  y ya veréis cómo mejora el tiempo y empiezan a florecer las rosas y los corazones.

Terminemos con Gustavo Adolfo Bécquer lo que empezamos con Antonio Machado:

"Mientras haya en el mundo
primavera, ¡habrá poesía! "


26 comentarios:

  1. Os muestro el soneto que Antonio Vivaldi escribió para acompañar su famoso concierto para violín "La primavera"

    LA PRIMAVERA
    Llegó la primavera y de contento
    las aves la saludan con su canto,
    y las fuentes al son del blanco viento
    con dulce murmurar fluyen en tanto.

    El aire cubren con su negro manto
    truenos, rayos, heraldos de su adviento,
    y acallándolos luego, aves sin cuento
    tornan de nuevo a su canoro encanto.

    Y así sobre el florido ameno prado
    entre plantas y fronda murmurante
    duerme el pastor con su fiel perro al lado.

    De pastoral zampoña al son chispeante
    danzan ninfa y pastor bajo el techado
    de primavera al irrumpir brillante.

    ResponderEliminar
  2. Dicen que no hay mejor ánimo que el que uno se da a sí mismo, así que, antes de que lleguen los cientos de "poemas primaverales" que esperamos -el optimismo derriba montañas- aquí va una pequeña aportación a nuestro proyecto de antología: un poema de Rafael Alberti, donde la primavera pone flores sobre la tierra ensangrentada.

    La primavera


    Otra vez tú, si esta venida
    más que imposible me parece
    puesto que sube y reverdece
    en tan tremenda sacudida

    Otra vez tú, poniendo flores
    sobre la tumba improvisada
    y esa apariencia de colores
    en esta patria ensangrentada
    ¿otra vez tú, la primavera?

    Otra vez tú tan sin medida
    tu corazón que estalla y crece,
    mientras la tierra se enriquece
    de vida muerta y nueva vida.

    ¿Otra vez tú poniendo flores...?

    ResponderEliminar
  3. cuando venga la primavera2 de marzo de 2011, 21:45

    Venga, me habéis picao. Este poema es un poco friki, pero dicen que Fernando Pessoa, de Portugal, es uno de los mejores poetas del mundo. Yo solo digo que me gusta.

    CUANDO VENGA LA PRIMAVERA

    Cuando venga la Primavera,
    si ya estuviera muerto,
    las flores florecerán de la misma manera
    y los árboles no serán menos verdes que en la primavera pasada.
    La realidad no precisa de mí.

    Siento una alegría enorme
    al pensar que mi muerte no tiene importancia alguna.
    Si supiera que mañana moriría
    y la primavera fuera pasado mañana,
    moriría contento, porque ella sería pasado mañana.

    Si ese es su tiempo, ¿cuándo habría de venir sino en su tiempo?
    Me gusta que todo sea real y que todo esté bien;
    Y me gusta porque así sería, incluso si no me gustase.

    Por eso, si muriera ahora, moriría contento,
    porque todo es real y todo está bien.
    Pueden rezar en latín sobre mi ataúd, si quieren.
    Si quisieran, podrían bailar y cantar alrededor.

    No tengo preferencias para cuando ya no pueda tener preferencias.
    Lo que fuera, cuando fuera, es que será lo que es.

    ResponderEliminar
  4. para poemas de la primavera2 de marzo de 2011, 21:59

    Lo acabo de encontrar en Internet, es de Pablo Neruda, pero lo que no sé es que pinta Quevedo en el poema. A lo mejor alguien me lo puede explicar.

    Con Quevedo, en primavera

    Todo ha florecido en
    estos campos, manzanos,
    azules titubeantes, malezas amarillas,
    y entre la hierba verde viven las amapolas.
    El cielo inextinguible, el aire nuevo
    de cada día, el tácito fulgor,
    regalo de una extensa primavera.
    Sólo no hay primavera en mi recinto.
    Enfermedades, besos desquiciados,
    como yedras de iglesia se pegaron
    a las ventanas negras de mi vida
    y el sólo amor no basta, ni el salvaje
    y extenso aroma de la primavera.
    Y para ti qué son en este ahora
    la luz desenfrenada, el desarrollo
    floral de la evidencia, el canto verde
    de las verdes hojas, la presencia
    del cielo con su copa de frescura?
    Primavera exterior, no me atormentes,
    desatando en mis brazos vino y nieve,
    corola y ramo roto de pesares,
    dame por hoy el sueño de las hojas
    nocturnas, la noche en que se encuentran
    los muertos, los metales, las raíces,
    y tantas primaveras extinguidas
    que despiertan en cada primavera.

    ResponderEliminar
  5. Tres por el precio de uno3 de marzo de 2011, 16:15

    La primavera besaba, de Antonio Machado.

    La primavera besaba
    suavemente la arboleda,
    y el verde nuevo brotaba
    como una verde humareda.
    Las nubes iban pasando
    sobre el campo juvenil...
    Yo vi en las hojas temblando
    las frescas lluvias de abril.
    Bajo ese almendro florido,
    todo cargado de flor
    —recordé—, yo he maldecido
    mi juventud sin amor.
    Hoy, en mitad de la vida,
    me he parado a meditar...
    ¡Juventud nunca vivida,
    quién te volviera a soñar!
    Antonio machado


    Primavera, de Rafael Morales

    Era una noche azul; la primavera
    inundaba mis sienes y mis manos,
    y era el mundo, muchacha, un fruto inmenso,
    cálido, abierto, mudo y entregado.
    Sentí mi carne desprenderse, irse
    por el paisaje misterioso y claro,
    mi sangre fue con los arroyos lentos,
    mi corazón perdióse en el espacio.
    Era hermoso en la piel sentir el roce,
    hecho leve suspiro, de los astros,
    y tener en la mano, dulcemente,
    un murmullo de nubes y de pájaros.
    Me fundí con el aire, con las cosas,
    sentí el fondo del mundo entre los labios
    y palpité, en la noche inmensa, grande,
    como un tremendo arcángel derramado.

    El muerto, de José Hierro

    Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría
    no podrá morir nunca.
    Yo lo veo muy claro en mi noche completa.
    Me costó muchos siglos de muerte poder comprenderlo,
    muchos siglos de olvido y de sombra constante,
    muchos siglos de darle mi cuerpo extinguido
    a la hierba que encima de mí balancea su fresca verdura.
    Ahora el aire, allá arriba, más alto que el suelo que pisan los vivos,
    será azul. Temblará estremecido, rompiéndose,
    desgarrado su vidrio oloroso por claras campanas,
    por el curvo volar de los gorriones,
    por las flores doradas y blancas de esencias frutales.
    (Yo una vez hice un ramo con ellas.
    Puede ser que después arrojara las flores al agua,
    puede ser que le diera las flores a un niño pequeño,
    que llenara de flores alguna cabeza que ya no recuerdo,
    que a mi madre llevara las flores:
    yo quería poner primavera en sus manos.)
    ¡Será ya primavera allá arriba!
    Pero yo que he sentido una vez en mis manos temblar la alegría
    no podré morir nunca.
    Pero yo que he tocado una vez las agudas agujas del pino
    no podré morir nunca.
    Morirán los que nunca jamás sorprendieron
    aquel vago pasar de la loca alegría.
    Pero yo que he tenido su tibia hermosura en mis manos
    no podré morir nunca.
    Aunque muera mi cuerpo, y no quede memoria de mí.

    ResponderEliminar
  6. Más madera...digo más primavera4 de marzo de 2011, 19:45

    Estos poemas los he encontrado en una página que se llama http://www.nidodepoesia.com/primavera.htm.

    Los copio por si no tenéis ganas de mirarla. Hay más pero estos son los que más me gustan

    Javier Salvago: Anuncio de primavera

    Mi vida está hecha de noches,
    de lágrimas de estrellas, de lunas
    frías y silenciosas.
    Como un ángel de las tinieblas
    se acostumbraron mis ojos a las calles
    oscuras, a la penumbra de los bares,
    a la luz, de neón, artificial.
    Gentes, recién llegadas de la tarde,
    aseguran que volvió la Primavera
    y en mi ropero sólo hay trajes negros,
    presentimientos negros,
    máscaras de amargura.
    Señora de los Cielos Luminosos,
    cuando no sea un maldito
    me haré unas alas
    -como Ícaro-
    e intentaré volar al sol.

    Carmen Conde: Revelación

    M i sangre me golpetea
    resucitándome erguida.
    T emía vivir sin sueños
    y es mi sangre la que grita:
    no vas a retroceder,
    mantén tu antorcha encendida.
    P or si creyera que no,
    su voz airada me grita:
    que sí, que sí, que ya vas
    desbordadamente viva.
    A fuera dolores viejos;
    se han secado las heridas
    del tanto penar a solas
    para dejarte vencida.
    N o sé si es la primavera
    que se siente ya venida
    o es que me ofrece Dios
    en vez de espinas, celindas.
    C anto porque soy dichosa,
    en milagro conseguida
    junto a la luz de una tarde
    que me ha devuelto la vida.


    José Jiménez Lozano: Nieve en primavera

    A sómate a la ventana: llueven rosas,
    mariposas quizás revolotean, construidas
    en las aéreas estancias de lo Alto;
    nacidas allá arriba, donde nuestros deseos
    y esperanzas, al subir, sucumben.
    ¿T e acuerdas de la Vía Láctea en el verano,
    que deja pasar la luz de la puerta del palacio
    de los dioses, como si estuviera mal cerrada?
    P or allí ha debido de bajar esta hermosura,
    porque quizás los dioses celebran una fiesta
    y envían
    tal regalo nupcial hacia la tierra.

    ResponderEliminar
  7. Generación del 274 de marzo de 2011, 20:50

    Este poema de Emilio Prados es precioso.

    Primavera

    Cuando era primavera en España:
    frente al mar, los espejos
    rompían sus barandillas
    y el jazmín agrandaba
    su diminuta estrella,
    hasta cumplir el límite
    de su aroma en la noche.

    Cuando era primavera.

    Cuando era primavera en España:
    junto a la orilla de los ríos,
    las grandes mariposas de la luna
    fecundaban los cuerpos desnudos
    de las muchachas
    y los nardos crecían silencios
    dentro del corazón
    hasta taparnos la garganta.
    Cuando era primavera.

    Cuando era primavera en España:
    todas las playas convergían en un anillo
    y el mar sonaba entonces,
    como el ojo de un pez sobre la arena,
    frente a un cielo más limpio
    que la paz de una nave, sin viento, en su pupila.
    Cuando era primavera.

    Cuando era primavera en España:
    los olivos temblaban
    adormecidos bajo la sangre azul del día,
    mientras que el sol rodaba
    desde la piel tan limpia de los toros,
    al terrón en barbecho
    recién movido por la lengua caliente de la azada
    Cuando era primavera.

    Cuando era primavera en España:
    los cerezos en flor
    se clavaban de un golpe contra el sueño
    y los labios crecían
    como la espuma en celo de una aurora,
    hasta dejarse nuestro cuerpo a su espalda,
    igual que el agua humilde
    de un arroyo que empieza.
    Cuando era primavera.

    Cuando era primavera en España:
    todos los hombres olvidaban su muerte
    y se tendían confiados, juntos, sobre la tierra
    hasta olvidarse el tiempo
    y el corazón tan débil por el que ardían.
    Cuando era primavera.

    Cuando era primavera en España:
    yo buscaba en el cielo.
    yo buscaba
    las huellas tan antiguas
    de mis primeras lágrimas
    y todas las estrellas levantaban mi cuerpo
    siempre tendido en una misma arena,
    al igual que el perfume, tan lento,
    nocturno, de las magnolias.
    Cuando era primavera.

    Pero, ¡ay!, tan sólo
    cuando era primavera en España.
    Solamente en España,
    antes, cuando era primavera.

    ResponderEliminar
  8. este poema no puede faltar, es la Dda a la primavera de Pablo Neruda

    PABLO NERUDA – ODA A LA PRIMAVERA

    Primavera
    temible,
    rosa
    loca,
    llegarás,
    llegas
    imperceptible,
    apenas
    un temblor de ala, un beso
    de niebla con jazmines,
    el sombrero
    lo sabe,
    los caballos,
    el viento
    trae una carra verde
    que los árboles Icen
    y comienzan
    las hojas
    a mirar con un ojo,
    a ver de nuevo el mundo,
    se convencen.
    Todo está preparado,
    el viejo sol supremo,
    el agua que habla,
    todo,
    y entonces
    salen todas las faldas
    del follaje,
    la esmeraldina,
    loca
    primavera,
    luz desencadenada,
    yegua verde,
    todo
    se multiplica,
    todo
    busca
    palpando
    una materia
    que repita su forma,
    el germen mueve
    pequeños pies sagrados,
    el hombre
    ciñe
    el amor de su amada,
    y la tierra se llena
    de frescura,
    de pétalos que caen
    como harina,
    la tierra
    brilla recién pintada
    mostrando
    su fragancia
    en sus heridas,
    los besos de los labios de claveles,
    la marea escarlata de la rosa.
    Ya está bueno!
    Ahora,
    primavera,
    dime para qué sirves
    y a quién sirves.
    Dime si el olvidado
    en su caverna
    recibiò tu vista,
    si el abogado pobre
    en su oficina
    vio florecer tus pétalos
    sobre la sucia alfombra,
    si el minero
    de las minas de mi patria
    no conociò
    más que la primavera negra
    del carbòn
    o el viento envenenado
    del azufre.

    Primavera,
    muchacha,
    te esperaba!
    Toma esta escoba y barre
    el mundo.
    Limpia
    con este trapo
    las fronteras,
    sopla
    los techos de los hombres,
    escarba
    el oro
    acumulado
    y reparte
    los bienes
    escondidos,
    ayúdame
    cuando
    ya
    el
    hombre
    esté libre
    de miseria,
    polvo,
    harapos,
    deudas,
    llagas,
    dolores,
    cuando
    con tus transformadoras manos de hada
    y las manos del pueblo,
    cuando sobre la tierra
    el fuego y el amor
    toquen tus bailarines
    pies de nácar,
    cuando
    tú, primavera,
    entres
    a todas
    las casas de los hombres,
    te amaré sin pecado,
    desordenada dalia,
    acacia loca,
    amada,
    contigo, con tu aroma,
    con tu abundancia, sin remordimiento
    con tu desnuda nieve
    abrasadora,
    con tus más desbocados manantía
    sin descartar la dicha
    de otros hombres,
    con la miel misteriosa
    de las abejas diurnas,
    sin que los negros tengan
    que vivir apartados
    de los blancos,
    oh primavera
    de la noche sin pobres,
    sin pobreza,
    primavera
    fragante,
    llegarás,
    llegas,
    te veo
    venir por el camino:
    ésta es mi casa,
    entra,
    tardabas,
    era hora,
    qué bueno es florecer,
    qué trabajo
    tan bello:
    qué activa
    obrera eres,
    primavera,
    tejedora,
    labriega,
    ordeñadora,
    múltiple abeja,
    máquina
    transparente,
    molino de cigarras,
    entra
    en todas las casas,
    adelante,
    trabajaremos juntos
    en la futura y pura
    fecundidad florida.

    ResponderEliminar
  9. De un poeta inglés4 de marzo de 2011, 22:42

    Es de Philip Larkin y se titula "Árboles"


    Los árboles ya comienzan a brotar
    como algo casi a punto de ser dicho;
    los nuevos tallos descansan y se propagan,
    su verdor es una especie de tristeza.
    ¿Se trata de que ellos nacen nuevamente
    y nosotros nos hacemos más viejos? No, ellos también mueren.
    Su truco anual de lucir nuevos
    se inscribe en sus fibras en anillos.
    Sin embargo, los incansables castillos desgranan
    su gruesa madurez cada primavera.
    Ha muerto el último año, parecen decir,
    comencemos otra vez, otra vez, otra vez.

    ResponderEliminar
  10. Es el poema Primavera de Eloy Sanchez Rosillo


    Primavera de Eloy Sánchez Rosillo

    Abrí el balcón y vi la maravilla:
    estaba ahí la primavera.
    ¿Cómo pudo ser todo así, tan simple?
    Algo raro ocurrió.
    El balcón de una casa
    cualquiera, en una calle
    de una ciudad cualquiera.
    Abrí y miré. Eso tan sólo hice.
    Y sucedió el prodigio.
    Qué cosa tan extraña.
    Mi casa era un palacio.
    Yo era el rey de la vida.
    El balcón daba a marzo,
    a un día de jilgueros.

    Este se titula Buen tiempo, mal tiempo y es de un poeta griego moderno llamado Constantino Kavafis
    Me alegra que se vaya
    el invierno con sus nieblas, temporales y frío.
    La primavera entra en mí, oh alegría verdadera.
    La risa es como un rayo de sol, todo de oro puro,
    no hay otro jardín como el del amor,
    el calor de la canción derrite todas las nieves.
    Que agradable cuando la primavera
    siembra de flores las verdes campiñas.
    Pero si tienes el corazón herido es como si llegara el invierno.
    La tristeza puede empañar el mas brillante de los soles;
    si estás apenado, Mayo parecerá Diciembre,
    porque las lágrimas son tan frías como la nieve.

    El -ultimo es de García Lorca

    Idilio

    Tú querías que yo te dijera
    el secreto de la primavera.
    Y yo soy para el secreto
    lo mismo que es el abeto.
    Árbol cuyos mil deditos
    señalan mil caminitos.
    Nunca te diré, amor mío,
    por qué corre lento el río.
    Pero pondré en mi voz estancada
    el cielo ceniza de tu mirada.
    ¡Dame vueltas, morenita!
    Ten cuidado con mis hojitas.
    Dame más vueltas alrededor,
    jugando a la noria del amor.
    ¡Ay! No puedo decirte, aunque quisiera,
    el secreto de la primavera.

    En la antología del invierno metí 6 poemas,

    ResponderEliminar
  11. Se me olvidaba este

    LA PRIMAVERA

    De lejanas alturas desciende el nuevo día,
    despierta de entre las sombras la mañana,
    a la humanidad sonríe, engalanada y alegre,
    de gozo está la humanidad suavemente penetrada.

    Nueva vida desea al porvenir abrirse,
    con flores, señal de alegres días,
    cubrir parece la tierra y el gran valle,
    alejando la Primavera todo signo doloroso.
    Friedrich Holderlin, es alemán creo

    ResponderEliminar
  12. Otro poema de Antonio Machado

    El limonero lánguido suspende

    una pálida rama polvorienta

    sobre el encanto de la fuente limpia,

    y allá en el fondo sueñan

    los frutos de oro...




    Es una tarde clara,

    casi de primavera,

    tibia tarde de marzo

    que el hálito de abril cercano lleva;

    y estoy solo, en el patio silencioso,

    buscando una ilusión cándida y vieja:

    alguna sombra sobre el blanco muro,

    algún recuerdo, en el pretil de piedra

    de la fuente dormido, o, en el aire,

    algún vagar de túnica ligera.




    En el ambiente de la tarde flota

    ese aroma de ausencia,

    que dice al alma luminosa: nunca,

    y al corazón: espera.




    Ese aroma que evoca los fantasmas

    de las fragancias vírgenes y muertas.




    Sí, te recuerdo, tarde alegre y clara,

    casi de primavera,

    tarde sin flores, cuando me traías

    el buen perfume de la hierbabuena,

    y de la buena albahaca,

    que tenía mi madre en sus macetas.




    Que tú me viste hundir mis manos puras

    en el agua serena,

    para alcanzar los frutos encantados

    que hoy en el fondo de la fuente sueñan...

    Sí, te conozco, tarde alegre y clara,

    casi de primavera.

    ResponderEliminar
  13. Que no se diga que, mientras otros se afanan persiguiendo versos de primavera, yo me estoy con los brazos cruzados en estos todavía invernales días de marzo.

    Traigo tres poemas de tres grandes mujeres poetas de Hispanoamerica.

    “Vida” de la argentina Alfonsina Storni


    Mis nervios están locos, en las venas
    la sangre hierve, líquido de fuego
    salta a mis labios donde finge luego
    la alegría de todas las verbenas.

    Tengo deseos de reír; las penas
    que de donar a voluntad no alego,
    hoy conmigo no juegan y yo juego
    con la tristeza azul de que están llenas.

    El mundo late; toda su armonía
    la siento tan vibrante que hago mía
    cuando escancio en su trova de hechicera.

    Es que abrí la ventana hace un momento
    y en las alas finísimas del viento
    me ha traído su sol la primavera.

    “Podad mi cuerpo” de la argentina Alejandra Pizarnik

    Podad mi cuerpo
    cada primavera,
    y que crezcan
    con fuerzas renovadas,
    en su tumba,
    mis esquejes.

    “Tal vez en primavera” de la peruana Blanca Varela
    Tal vez en primavera.
    Deja que pase esta sucia estación de hollín y lágrimas
    hipócritas.
    Hazte fuerte. Guarda miga sobre miga. Haz una fortaleza
    de toda la corrupción y el dolor.
    Llegado el tiempo tendrás alas y un rabo fuerte de toro o
    de elefante para liquidar todas las dudas, todas las
    moscas, todas las desgracias.
    Baja del árbol.
    Mírate en el agua. Aprende a odiarte como a ti mismo.
    Eres tú. Rudo, pelado, primero en cuatro patas, luego en
    dos, después en ninguna.
    Arrástrate hasta el muro, escucha la música entre las
    piedrecitas.
    Llámalas siglos, huesos, cebollas.
    Da lo mismo.
    Las palabras, los nombres, no tienen importancia.
    Escucha la música. Sólo la música.

    ResponderEliminar
  14. Primavera

    Hay en la playa espejos de agua
    Locos de pájaros en los bosques los árboles
    La nieve se disuelve en la montaña
    De tantas flores brillan las ramas del manzano
    Que huye el pálido sol

    En noche de invierno y en un áspero mundo
    vivo esta primavera oh inocente a tu lado
    No hay noche para nosotros
    Lo que es perecedero no te alcanza
    Y no quieres sentir el frío


    En esta primavera nuestra
    La que tiene razón.

    Paul Eluard, poeta francés.

    ResponderEliminar
  15. Es muy largo, pero me gusta6 de marzo de 2011, 10:05

    Además habla de los animales

    PRIMAVERA, Gabriel Celaya

    Con ternura,
    con mis pulmones de una dulce palidez, llorada rosa
    y avidez anhelante
    que son casi dos niños enamorados del aire,
    con asombro,
    con todo lo que en mi cuerpo es aún capaz de inocencia,
    pienso en los grandes animales melancólicos y mansos,
    y en los pequeños, devoradores y tenaces.

    También esos bueyes tuvieron
    su piel lisa del tiempo de las rosas ;
    pero ahora están cubiertos de una fría dureza,
    de conchas y pequeños objetos milenarios.

    Pienso en ellos y los amo
    por el cansancio y la dulzura de su tristeza aceptada,
    y los amo sobre todo
    por sus ojos aplacados y su fuerza que no usan ;

    pienso en las hormigas, siempre cerca de la tierra
    naciendo debajo de su oscura lengua ;
    pienso en los limacos resbalando
    por su suave camino de seda y de saliva ;

    pienso en todos los pequeños animales
    y en los grandes también, que tienen algo
    de tristeza de mar al mediodía ;

    y pienso en los animales rubios y voraces
    que, juntos, forman la alegría del domingo,
    y en su pulso vivísimo que agitan
    la brisa y el olor de los jazmines.

    La hierba crece diminuta e irresistible
    como lenta invasión de nueva vida.
    Llega la primavera y las muchachas
    tiemblan entre las grandes flores blancas y amarillas.

    Con los pulmones abiertos respiramos el aire.
    Los gritos, sin nacer, se miran extasiados.
    El cerebro enternece por su muda blancura
    de planta sofocada de gozos silenciosos.

    Cierro los ojos para unirme con las plantas,
    con todos los seres no nacidos
    que, bajo tierra, siento ya que se agitan.

    Cierro los ojos. Duermo. Mis pulmones
    como dulces y vivos animales se estremecen ;
    dentro de mí luchan sus pálidas raíces,
    hacen quizá por desprenderse.

    ¡ Oh silencio infinito en el que siento
    un escondido latir de imperceptibles gritos,
    un tenaz y pequeño palpitar
    de nuevas vidas hechas o nueva primavera !

    ¡ Oh manos diminutas moviéndose ose en la yedra !
    ¡ Oh primavera ! ¡ Volver ! Renunciar a lo que fui
    para ser la nueva vida que crece ya bajo la tierra.

    ResponderEliminar
  16. De un poeta mejicano, Octavio Paz


    Pulida claridad de piedra diáfana,
    lisa frente de estatua sin memoria:
    cielo de invierno, espacio reflejado
    en otro más profundo y más vacío.
    El mar respira apenas, brilla apenas.
    Se ha parado la luz entre los árboles,
    ejército dormido. Los despierta
    el viento con banderas de follajes.
    Nace del mar, asalta la colina,
    oleaje sin cuerpo que revienta
    contra los eucaliptos amarillos
    y se derrama en ecos por el llano.
    El día abre los ojos y penetra
    en una primavera anticipada.
    Todo lo que mis manos tocan, vuela.
    Está lleno de pájaros el mundo.
    Octavio Paz

    ResponderEliminar
  17. Este abril

    Cómo llegas, abril, con qué delgada
    planta de junco pisas en la arena.
    Un delirio de luz en cada vena
    y una gota de azul en la pisada.

    Una gota de azul, la delicada
    inundación de amor ceñida y plena,
    una esbelta delicia que encadena
    de inabarcable aroma desbordada.

    Algo en mí, que no es mío, se levanta
    surtidor de imposibles sensaciones,
    canta tu dicha y mi delicia canta.

    Y la honda transparencia de tenerte
    en la alta alegría que me impones
    vencedor cada día de la muerte.

    José Luis Hidalgo

    ResponderEliminar
  18. Tres sonetos, (creo)

    Juan Cunha, de Uruguay

    Vine para decir tu primavera...

    Vine para decir tu primavera
    Digo para nombrar dulce tus aves
    Por abrirte las flores que tú sabes
    Para hacerte de todas la primera

    Era hermosa la tarde y cómo era
    Si la evoco de pronto ya ni cabes
    Eres tarde infinita ya sin llaves
    Estás en donde esté y yo te quiera

    Que estás en donde estoy hoy y te quiero
    Ya no me importará decir me muero
    Porque no será cierto de seguro

    Pero vine no más para decirte
    Que ya no podrás irte ni morirte
    Por más que se haga triste y ponga oscuro


    Primavera, de Manuel Machado

    ¡Oh, el sotto voce balbuciente, oscuro,
    de la primer lujuria!… ¡Oh, la delicia
    del beso adolescente, casi puro!…
    ¡Oh, el no saber de la primer caricia!…

    ¡Despertarse de amor entre cantares
    y humedad del jardín, llanto sin pena,
    divina enfermedad que el alma llena,
    primera mancha de los azahares!…

    Angel, niño, mujer…. Los sensuales
    ojos adormilados y anegados
    en inauditas savias incipientes…

    ¡Y los rostros de almendra, virginales,
    como flores al sol aurirrosados,
    en los campos de mayo sonrientes!


    En un álbum, de Salvador Díaz Mirón

    Dicen que el nauta que frecuenta el hielo
    del yermo boreal, venciendo el frío,
    recibe a veces de ignorado cielo
    una olorosa ráfaga de estío.

    ¡Qué beso el de tal hálito de paso!
    ¡Qué fruición! ¡Qué delicia! ¡Qué embeleso!
    ¡Sólo un beso de amor produce acaso
    mayor placer que semejante beso!

    Pues bien, yo experimento a tus miradas
    lo que en el polo el peregrino siente,
    cuando una de esas brisas perfumadas

    va de otro clima a acariciar su frente.
    En mi noche invernal, Dios ha querido
    que el resplandor de tus pupilas fuera
    un efluvio de rosas difundido
    en un rayo de sol de primavera.

    ResponderEliminar
  19. Juan Ramón Jiménez8 de marzo de 2011, 17:04

    solo con Juan ramón Jiménez se puede montar una antología de primavera

    Domingo de primavera

    Un pájaro, en la lírica calma del mediodía
    Canta bajo los mármoles del palacio sonoro;
    Sueña el sol vivos fuegos en la cristalería,
    En la fuente abre el agua su cantinela de oro.
    Es una fiesta clara con eco cristalino:
    En el mármol el pájaro; las rosas en la fuente:
    ¡Garganta fresca y dura!; ¡azul, dulce, argentino
    Llorar, sobre la flor satinada y reciente!
    Es un ensueño real, voy, colmado de gracia.
    Soñando, sonriendo, por las radiantes losas.
    Henchida el alma de la pura aristocracia
    Do la fuente, del pájaro, del olor de las rosas.

    PRIMAVERA MADRE

    ¡Madre mía, tierra,
    otra vez más verde,
    más plena, más bella!
    (Y yo, mientras, hijo
    tuyo, con más secas
    hojas en las venas).
    ¡Madre mía, tierra,
    sé tú siempre joven,
    y que yo me muera!
    (Y tú, mientras, madre
    mía, con más frescas
    hojas en las piernas).
    Primavera amarilla

    Abril venía, lleno
    todo de flores amarillas:
    amarillo el arroyo,
    amarillo el vallado, la colina,
    el cementerio de los niños,
    el huerto aquel, donde el amor vivía.

    El sol ungía de amarillo el mundo,
    con sus luces caídas;
    ¡ay, por los lirios áureos,
    el agua de oro, tibia;
    las amarillas mariposas
    sobre las rosas amarillas!

    Guirnaldas amarillas escalaban
    los árboles; ¡el día
    era una gracia perfumada de oro,
    en un dorado despertar de vida!
    Entre los huesos de los muertos
    abría Dios sus manos amarillas.

    Francina en la primavera

    “Francina, en la primavera
    tienes la boca más roja?
    -La primavera me pone
    siempre más roja la boca.
    - Es que besas más, o es
    que las rosas te arrebolan?
    - Yo no sé si es mal de besos
    o si es dolencia de rosas.
    - Y, te gustan más los labios
    o las rosas?- ¿Qué me importa?…
    La rosa me sabe a beso,
    el beso a beso y a rosa.
    Entonces le puse un beso
    en la rosa de su boca…
    La tarde de abril moría,
    rosamente melancólica;
    las fuentes iban al cielo,
    con su plata temblorosa…
    Francina deshojó a besos
    su boca sobre mi boca.”

    ResponderEliminar
  20. POR EL INFLUJO DE LA PRIMAVERA

    Sobre el jarrón de cristal
    hay flores nuevas. Anoche
    hubo una lluvia de besos.
    Despertó un fauno bicorne
    tras un alma sensitiva.
    Dieron su olor muchas flores.
    En la pasional siringa
    brotaron las siete voces
    que en siete carrizos puso
    Pan.

    Antiguos ritos paganos
    se renovaron. La estrella
    de Venus brilló más límpida
    y diamantina. Las fresas
    del bosque dieron su sangre.
    El nido estuvo de fiesta.
    Un ensueño florentino
    se enfloró de primavera,
    de modo que en carne viva
    renacieron ansias muertas.
    Imaginaos un roble
    que diera una rosa fresca;
    un buen egipán latino
    con una bacante griega
    y parisiense. Una música
    magnífica. Una suprema
    inspiración primitiva,
    llena de cosas modernas.
    Un vasto orgullo viril
    que aroma el odor di fémina;
    un trono de roca en donde
    descansa un lirio.

    ¡Divina Estación! ¡Divina
    Estación! Sonríe el alba
    más dulcemente. La cola
    del pavo real exalta
    su prestigio. El sol aumenta
    su íntima influencia; y el arpa
    de los nervios vibra sola.
    ¡Oh, Primavera sagrada!
    ¡Oh, gozo del don sagrado
    de la vida! ¡Oh bella palma
    sobre nuestras frentes! ¡Cuello
    del cisne! ¡Paloma blanca!
    ¡Rosa roja! ¡Palio azul!
    ¡Y todo por ti, oh alma!
    Y por ti, cuerpo, y por ti,
    idea, que los enlazas.
    ¡Y por Ti, lo que buscamos
    y no encontraremos nunca
    jamás!

    RUBÉN DARÍO

    ResponderEliminar
  21. Despedida de un paisaje

    Despedida de un paisaje

    No le reprocho a la primavera
    que llegue de nuevo.
    No me quejo de que cumpla
    como todos los años
    con sus obligaciones.

    Comprendo que mi tristeza
    no frenará la hierba.
    Si los tallos vacilan
    será sólo por el viento.

    No me causa dolor
    que los sotos de alisos
    recuperen su murmullo.

    Me doy por enterada
    de que, como si vivieras,
    la orilla de cierto lago
    es tan bella como era.

    No le guardo rencor
    a la vista por la vista
    de una bahía deslumbrante.

    Puedo incluso imaginarme
    que otros, no nosotros,
    estén sentados ahora mismo
    sobre el abedul derribado.

    Respeto su derecho
    a reír, a susurrar
    y a quedarse felices en silencio.

    Supongo incluso
    que los une el amor
    y que él la abraza a ella
    con brazos llenos de vida.

    Algo nuevo, como un trino,
    comienza a gorgotear entre los juncos.
    Sinceramente les deseo
    que lo escuchen.

    No exijo ningún cambio
    de las olas a la orilla,
    ligeras o perezosas,
    pero nunca obedientes.
    Nada le pido
    a las aguas junto al bosque,
    a veces esmeralda,
    a veces zafiro,
    a veces negras.

    Una cosa no acepto.
    Volver a ese lugar.
    Renuncio al privilegio
    de la presencia.

    Te he sobrevivido suficiente
    como para recordar desde lejos.

    Wislawa Szymborska

    ResponderEliminar
  22. Aleksandr Blok, este poeta es ruso

    Oh, primavera inabordable y sin final...

    Oh, primavera inabordable y sin final,
    Inabordable y sin final como los sueños.
    Te reconozco, vida. Te asumo.
    Y bajo el tintineo de broqueles te saludo.

    Yo te acojo, mala suerte,
    Y doy mi bienvenida a los aciertos
    Pues no hay nada oprobioso en los encantados
    Paisajes del llanto, ni en el misterio de la ventana,

    Asumo las discusiones que desvelan
    La madrugada en las oscuras cortinas de la ventana,
    Para que la encantadora primavera
    Excite mis miradas dilatadas.

    Asumo las aldeas desérticas
    Y los pozos de las ciudades terrenales,
    La diáfana extensión de los cielos
    y la candidez de los trabajos serviles.

    Yo salgo, vida, a tu encuentro en el umbral
    Con los cabellos rizados por el viento impetuoso
    Y el enigmático nombre de Dios
    En los labios fríos y apretados...

    Ante la hostilidad de este encuentro
    Siempre me defiendo,
    Tú nunca eres accesible
    ¡Y el sueño embriagador se nos escapa!

    Y miro y sospecho esta hostilidad,
    Odiando, maldiciendo y amando:
    Por el suplicio, por la muerte,
    Pero de todas formas yo te asumo, vida!

    ResponderEliminar
  23. Este poema es de otro ruso:

    AQUÍ ESTOY...

    Aquí estoy para contarte
    que ya se levanta el sol
    y que su luz ardorosa
    pone en las hojas temblor;

    que ya se despierta el bosque
    —cada rama se despierta—
    y ansiosos de primavera
    los pájaros ya se inquietan;

    contarte que hoy, como ayer,
    la misma pasión me llena
    y que mi alma, como siempre,
    para servirte se apresta;

    contarte que en todas partes
    hay un soplo de alegría,
    y aunque no sé qué contar,
    hay canto en el alma mía


    Atanasio Fet

    ResponderEliminar
  24. Dos poemas de Nicolás Guillén

    Canción

    ¡De que callada manera
    se me adentra usted sonriendo,
    como si fuera la primavera !
    (Yo, muriendo.)

    Y de que modo sutil
    me derramó en la camisa
    todas las flores de abril

    ¿Quién le dijo que yo era
    risa siempre, nunca llanto,
    como si fuera
    la primavera?
    (No soy tanto.)

    En cambio, ¡Qué espiritual
    que usted me brinde una rosa
    de su rosal principal!

    De que callada manera
    se me adentra usted sonriendo,
    como si fuera la primavera
    (Yo, muriendo.)

    MARIPOSA

    Quisiera
    hacer un verso que tuviera
    ritmo de Primavera;
    que fuera
    como una fina mariposa rara,
    como una mariposa que volara
    sobre tu vida, y cándida y ligera
    revolara
    sobre tu cuerpo cálido de cálida palmera
    y al fin su vuelo absurdo reposara
    --tal como en una roca azul de la pradera--
    sobre la linda rosa de tu cara...
    Quisiera
    hacer un verso que tuviera
    toda la fragancia de la Primavera
    y que cual una mariposa rara
    revolara
    sobre tu vida, sobre tu cuerpo, sobre tu cara.

    ResponderEliminar
  25. Se acerca ya el comienzo oficial de la primavera y tenemos que dar por cerrada la entrada de poemas para poder preparar la antología. En realidad hace día que no nos llega ningún poema, lo que puede indicar que no resulta fácil encontrarlos, o que nuestros anónimos colaboradores están ya cansados, quizá por tanto examen como trae este final de invierno.

    Gracias a todos los que habéis colaborado con vuestros poemas. Sí, son también vuestros, porque aunque todos tienen autor, vosotros sois los habéis rastreado, leído y apreciado.

    Permitidme terminar esta antología con un poema de T.S. Elliot. En realidad se trata de los versos iniciales de su famosísimo "The waste land" (La tierra baldía)

    Abril es el mes más cruel: engendra
    lilas de la tierra muerta, mezcla
    recuerdos y anhelos, despierta
    inertes raíces con lluvias primaverales.

    ResponderEliminar
  26. seguidora y coloaboradora20 de marzo de 2011, 16:20

    Estoy deseando que aparezca la antología.

    ResponderEliminar