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viernes, 10 de diciembre de 2010

BRINDIS DE MARIO VARGAS LLOSA EN LA CEREMONIA DE ENTREGA DE LOS PREMIOS NOBEL

Pocas cosas nos satisfacen tanto en este blog como traer a él  a nuestros grandes escritores. ¿Puede haber algo más gratificante para unas páginas de Lengua y Literatura que invitar a los grandes creadores literarios, a aquellos que con su obra enriquecen día a día el tesoro de nuestra lengua y ensanchan sus fronteras? Creemos que no. Y entre esos grandes escritores pocos hay tan gigantescos e indiscutibles como  MARIO VARGAS LLOSA, que además une a su faceta de autor de ficciones admirables la de ser uno de los intelectuales que más y mejor ha reflexionado y escrito sobre la importancia trascendental de la lectura y de la crítica.

Traemos aquí el brindis de MARIO VARGAS LLOSA en la Ceremonia de entrega de los Premios Nobel en Estocolmo. Brindemos con él por el pasado, el presente y el futuro de nuestra Lengua y de nuestra Literatura. Salud.




"Majestades, altezas, excelencias, señores, señoras:

Soy un contador de historias y, por lo tanto, antes de proponerles un brindis, voy a contarles una historia.
Érase una vez un niño que a los cinco años aprendió a leer. Eso le cambió la vida. Gracias a los libros de aventuras que leía, descubrió una manera de escapar de la pobre casa, del pobre país y de la pobre realidad en que vivía, y de trasladarse a lugares maravillosos, espléndidos, con seres bellísimos y cosas sorprendentes donde cada día, cada noche, significaba una manera más intensa, aventurera y novedosa de gozar.

Gozaba tanto leyendo historias que, un día, este niño, que ya era un joven, se dedicó también a inventarlas y escribirlas. Lo hacía con dificultad pero, al mismo tiempo, con felicidad y gozando cuando escribía tanto como cuando leía.

Sin embargo, el personaje de mi historia era muy consciente de que una cosa era el mundo de la realidad y otra, muy distinta, el mundo del sueño y la literatura y que éste ultimo sólo existía cuando él leía y escribía. El resto de tiempo, se eclipsaba.

Hasta que en un amanecer neoyorquino el protagonista de mi cuento recibió una sorpresiva llamada en la que un señor de apellido impronunciable le anunció que había recibido un premio y que tendría que ir a recibirlo a una ciudad llamada Estocolmo, capital de un país llamado Suecia (o algo así).

Mi personaje comenzó entonces, maravillado, a vivir, en la vida real, una de esas experiencias que, hasta entonces, sólo existían para él en el dominio ideal e irreal de la literatura. Todavía sigue allí, desconcertado, sin saber si sueña o está despierto, si aquello que vive lo vive de verdad o de mentiras, si esto que le pasa es la vida o es la literatura, porque los límites entre ambas parecen haberse eclipsado por completo.

Queridos amigos, ahora ya puedo proponerles el brindis prometido.

Brindemos por Suecia, ese curioso país que parece haber conseguido, para ciertos privilegiados, el milagro de que la vida sea literatura y la literatura vida.

¡Salud y muchas gracias!

miércoles, 8 de diciembre de 2010

ELOGIO DE LA LECTURA Y LA FICCIÓN: DISCURSO DE ACEPTACIÓN DEL PREMIO NOBEL DE LITERATURA POR MARIO VARGAS LLOSA EN ESTOCOLMO


Pocos elogios más extraordinarios se han hecho del poder, la fascinación y  la magia de la literatura -si es que existe alguno semejante en cualquier lengua-  que el que ha realizado MARIO VARGAS LLOSA en Estocolmo, en su discurso de aceptación del PREMIO NOBEL DE LITERATURA. De este discurso, cuya lectura íntegra encarecemos a todos, publicamos a continuación los párrafos finales, henchidos de admiración, respeto y amor hacia la palabra hablada y escrita.




"La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional.

Siempre me ha fascinado imaginar aquella incierta circunstancia en que nuestros antepasados, apenas diferentes todavía del animal, recién nacido el lenguaje que les permitía comunicarse, empezaron, en las cavernas, en torno a las hogueras, en noches hirvientes de amenazas –rayos, truenos, gruñidos de las fieras–, a inventar historias y a contárselas. Aquel fue el momento crucial de nuestro destino, porque, en esas rondas de seres primitivos suspensos por la voz y la fantasía del contador, comenzó la civilización, el largo transcurrir que poco a poco nos humanizaría y nos llevaría a inventar al individuo soberano y a desgajarlo de la tribu, la ciencia, las artes, el derecho, la libertad, a escrutar las entrañas de la naturaleza, del cuerpo humano, del espacio y a viajar a las estrellas. Aquellos cuentos, fábulas, mitos, leyendas, que resonaron por primera vez como una música nueva ante auditorios intimidados por los misterios y peligros de un mundo donde todo era desconocido y peligroso, debieron ser un baño refrescante, un remanso para esos espíritus siempre en el quién vive, para los que existir quería decir apenas comer, guarecerse de los elementos, matar y fornicar. Desde que empezaron a soñar en colectividad, a compartir los sueños, incitados por los contadores de cuentos, dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceres embrutecedores, y su vida se volvió sueño, goce, fantasía y un designio revolucionario: romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseos y ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar las incógnitas de que estaba constelado su entorno.

Ese proceso nunca interrumpido se enriqueció cuando nació la escritura y las historias, además de escucharse, pudieron leerse y alcanzaron la permanencia que les confiere la literatura. Por eso, hay que repetirlo sin tregua hasta convencer de ello a las nuevas generaciones: la ficción es más que un entretenimiento, más que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el espíritu crítico. Es una necesidad imprescindible para que la civilización siga existiendo, renovándose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicación y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y continúa. Para que no pasemos de servirnos de las máquinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura sería un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de autómatas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de sí mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sueños.

De la caverna al rascacielos, del garrote a las armas de destrucción masiva, de la vida tautológica de la tribu a la era de la globalización, las ficciones de la literatura han multiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, al ensimismamiento, a la resignación. Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible. "
                                          
                                                    © FUNDACIÓN NOBEL 2010


En el siguiente enlace al periódico EL PAÍS se puede leer el Discurso íntegro de MARIO VARGAS LLOSA.


http://www.elpais.com/elpaismedia/ultimahora/media/201012/07/cultura/20101207elpepucul_1_Pes_PDF.pdf

jueves, 7 de octubre de 2010

MARIO VARGAS LLOSA, PREMIO NOBEL DE LITERATURA

Hoy es un gran día para la la Literatura en lengua española: el escritor peruano MARIO VARGAS LLOSA ha recibido el Premio Nobel de Literatura que otorga en Estocolmo la Academia Sueca.

Ya eso bastaría para reconocer a MARIO VARGAS LLOSA un inmenso prestigio, porque hasta la fecha solo otros diez escritores en nuestra lengua lo habían recibido: junto a los españoles José Echegaray ( 1904), Jacinto Benavente (1922), Juan Ramón Jiménez (1956), Vicente Aleixandre (1977) y Camilo José Cela (1989), estaban los chilenos Gabriela Mistral (1945) y Pablo Neruda (1971), el guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1967), el colombiano Gabriel García Márquez (1982) y el mejicano Octavio Paz (1990).

Desgraciadamente no siempre el Premio Nobel premia la mayor excelencia literaria. A veces pesan más en su concesión intereses políticos e ideológicos, cuando no meras consideraciones geográficas de compensación entre países, continentes o lenguas. Por desgracia, también grandes escritores fueron dejados inexplicablemente de lado en su momento. Pero pese a éstas y otras objeciones que legítimamente puedan hacerse al Nobel de Literatura, este premio es, sin disputa, el más famoso e influyente de cuantos se conceden en el mundo, y también el más ansiado.


MARIO VARGAS LLOSA no es naturalmente el único escritor mundial que hubiera podido recibir, por méritos propios, el Premio Nobel de este año, pero lo que está fuera de toda duda es que lo merece como el que más, tanto por el alcance universal de su obra como por la personalidad de su estilo. MARIO VARGAS LLOSA es, incuestionablemente, uno de los más grandes escritores en cualquier lengua. El hecho afortunado de que escriba en español nos debe hacer sentirnos orgullosos de él y de nuestra lengua. En sus primeras declaraciones después de recibir el Nobel, el escritor ha declarado: "Este premio no solo reconoce al escritor, sino a la maravillosa lengua española y a la literatura latinoamericana". !Cuánta verdad hay en sus palabras!

Aunque nacionalizado español en 1993, sin renunciar a su nacionalidad peruana, MARIO VARGAS LLOSA nació en Lima en 1936; tiene por lo tanto 74 años. En esta larga vida, y desde su debut literario en 1963 con "La ciudad y los perros", ha publicado extraordinarias novelas, entre los que destacan "Conversaciones en la catedral", "La casa verde" y "La fiesta del chivo", además de varios volúmenes de artículos periodísticos y de ensayos. Dentro de unos días se publicará su última novela, "El sueño del celta".

MARIO VARGAS LLOSA es además un intelectual influyente y polémico, de ideología liberal, cuya voz se escucha con atención y respeto en todas las partes del mundo. De él puede decirse que es un escritor universal, sin dejar de ser profundamente peruano, porque trata de cuestiones profundamente humanas -el amor y el erotismo, el odio, la maldad, el terrorismo, la situación social y política de su país, entre otras- con una voz personal e inconfundible, en la que el humor ocupa un lugar destacado.

Decíamos que hoy es un gran día para la Literatura en lengua española. También lo es para los millones de lectores de MARIO VARGAS LLOSA en todo el mundo. Hoy con él nos sentimos felices y personalmente premiados. Hoy con él todos hemos ganado el Premio Nobel.

No queremos terminar esta apresurada nota en este Blog sin felicitar también a los alumnos peruanos del I.E.S. "La Serna". Nos unimos a su justificada alegría.

Si queréis asomaros, aunque solo sea un poco, a la obras de MARIO VARGAS LLOSA, abrid el siguiente enlace, en el que podréis encontrar sus principales títulos.