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miércoles, 14 de julio de 2010


POEMA DEL FÚTBOL


Poesía y Fútbol mantienen una relación apasionada, si no desde que la poesía es poesía, al menos desde que el fútbol es fútbol. Muchos poetas, grandes o pequeños, se han acercado a este deporte para cantar lo que tiene de metáfora de la vida, de amor, de odio, de rivalidad, de camaradería, de sueños compartidos, de sueños traicionados, de héroes, de villanos... de pasión en definitiva.
El poema que traemos hoy a nuestro blog, como una contribución literaria al Campeonato del Mundo recién finalizado con la victoria de España, pasa por ser si no el mejor, sí el más popular de todos, el más citado, el más recitado. Su autor es un periodista deportivo argentino llamado Quique Wolff, que no por casualidad fue antes futbolista. Llegó a jugar en el Real Madrid durante dos temporadas, en la década de los 70.
Es difícil no dejarse seducir por sus versos sencillos pero intensos, incluso aunque a uno no le guste especialmente el fútbol. Al fin y al cabo, ¿quién puede escapar del encanto o del tormento del conocido, por suerte o por desgracia, como "el deporte rey"?


CÓMO VAS A SABER LO QUE ES EL AMOR
SI NUNCA TE HICISTE HINCHA DE UN CLUB.

CÓMO VAS A SABER LO QUE ES EL DOLOR
SI JAMÁS EL ZAGUERO TE ROMPIÓ LA TIBIA Y EL PERONÉ
Y ESTUVISTE EN UN BARRERA Y LA PELOTA TE PEGO JUSTO AHÍ.

CÓMO VAS A SABER LO QUE ES EL PLACER
SI NUNCA DISTE UNA VUELTA OLÍMPICA DE VISITANTE.

CÓMO VAS A SABER LO QUE ES EL CARIÑO
SI NUNCA LA ACARICIASTE DE CHANFLE ENTRÁNDOLE CON EL REVÉS DEL PIE
PARA DEJARLA JADEANDO BAJO LA RED.

ESCÚCHAME... CÓMO VAS A SABER LO QUE ES LA SOLIDARIDAD
SI JAMÁS SALISTE A DAR LA CARA POR UN COMPAÑERO GOLPEADO DESDE ATRÁS.

CÓMO VAS A SABER LO QUE ES LA POESÍA
SI JAMÁS TIRASTE UNA GAMBETA.

CÓMO VAS A SABER LO QUE ES LA HUMILLACIÓN
SI JAMÁS TE METIERON UN CAÑO.

CÓMO VAS A SABER LO QUE ES LA AMISTAD
SI NUNCA DEVOLVISTE UNA PARED.

CÓMO VAS A SABER LO QUE ES EL PÁNICO.
SI NUNCA TE SORPRENDIERON MAL PARADO
EN UN CONTRAGOLPE.

CÓMO VAS A SABER LO QUE ES MORIR UN POCO
SI JAMÁS FUISTE A BUSCAR LA PELOTA ADENTRO DEL ARCO.

DECIME, VIEJO..., CÓMO VAS A SABER LO QUE ES LA SOLEDAD
SI JAMÁS TE PARASTE BAJO LOS TRES PALOS
A DOCE PASOS DE UNO QUE TE QUERÍA FUSILAR Y TERMINAR CON TUS ESPERANZAS.

CÓMO VAS A SABER LO QUE ES EL BARRO.
SI NUNCA TE TIRASTE A LOS PIES DE NADIE
PARA MANDAR UNA PELOTA SOBRE UN LATERAL.

CÓMO VAS A SABER LO QUE ES EL EGOÍSMO
SI NUNCA HICISTE UNA DE MÁS
CUANDO TENIAS QUE DÁRSELA AL 9 QUE ESTABA SOLO.

CÓMO VAS A SABER LO QUE ES EL ARTE
SI NUNCA, PERO NUNCA, INVENTASTE UNA RABONA.

CÓMO VAS A SABER LO QUE ES LA MÚSICA
SI JAMÁS CANTASTE EN LA POPULAR.

CÓMO VAS A SABER LO QUE ES LA INJUSTICIA
SI NUNCA TE SACÓ TARJETA ROJA UNA REFERÍ LOCALISTA.

DECIME, CÓMO VAS A SABER LO QUE ES EL INSOMNIO
SI JAMÁS TE FUISTE AL DESCENSO.

CÓMO VAS A SABER LO QUE ES EL ODIO
SI NUNCA HICISTE UN GOL EN CONTRA.

CÓMO, PERO CÓMO, VAS A SABER LO QUE ES LLORAR,
SÍ, LLORAR,
SI JAMÁS PERDISTE UNA FINAL EN UN MUNDIAL
SOBRE LA HORA CON UN PENAL DUDOSO.

CÓMO VAS A SABER, QUERIDO AMIGO,
CÓMO VAS A SABER LO QUE ES LA VIDA
SI NUNCA JAMÁS JUGASTE AL FÚTBOL.

lunes, 12 de julio de 2010



!CAMPEONES, CAMPEONES, OÉ, OÉ, OÉ!

ESPAÑA, CAMPEONA DEL MUNDO DE FÚTBOL

El Mundial de Fútbol de Sudáfrica nos ha alegrado el final del Curso y el comienzo del verano, pero también ha producido centenares de artículos periodísticos, algunos de notable calidad. Ahora que ya ha terminado felizmente el Mundial con la victoria de España, queremos unirnos a la celebración con una columna de Almudena Grandes en el diario EL PAÍS, publicada hoy, cuando toda España festeja en las casas y en las calles ese acontecimiento que va mucho más allá de lo deportivo. !Enhorabuena a todos, y gracias a quienes lo han hecho posible!


Algunas veces, pocas, la vida es justa. Algunas veces, poquísimas, el azar decide apostar por nosotros, salvarnos cuando está a punto de sonar la campana. Las cosas se han puesto tan feas, que este año necesitaba las vacaciones más que nunca. Harta de escribir columnas tristes, harta de crisis, harta de jueces, harta de injusticias, de arbitrariedades y de juego sucio, necesitaba descansar de mí misma, del súbito pesimismo que se burla cada mañana de mi optimismo congénito.

Y sin embargo, estando así las cosas, llegaron 10 chicos con una camiseta roja y un portero enamorado, que para los penaltis como si la Virgen pretendiera robárselo a su novia. Después del primer partido, nadie daba un euro por ellos. Parecían la imagen misma de su país, el nuestro, de nuestra economía, de nuestra deuda pública, de nuestra contradictoria y atormentada identidad. Iban de ganadores, y perdieron. A partir de aquel momento, les tocaba perder, pero ganaron, y ganaron, y ganaron, y volvieron a ganar, y tan bajos como son, como somos, empezaron a colarle goles por la escuadra a porteros de dos metros.

Primero fue la incredulidad. Después, y eso es lo emocionante, ha sido la sonrisa. Durante unas semanas, hemos vuelto a sonreír. Hace muchos años que no estábamos peor, pero hace muchos años que no estábamos mejor, y el fútbol no arregla nada, no resuelve los problemas, no despeja el negro horizonte del porvenir que nos espera, pero le ha devuelto la alegría a este país. La alegría ni se fabrica ni se negocia, y es tan cara que no puede comprarse con dinero. Por eso es preciso disfrutarla, paladearla lentamente, dejar que la boca se impregne con su efímera y omnipotente dulzura. Gracias, Roja. Porque hoy somos ricos, porque somos poderosos, porque somos los mejores, sin dejar de ser tan bajos como nosotros mismos. Gracias por la alegría.

martes, 29 de junio de 2010

LA NUEVA GACETA DE LA SERNA

!HA SALIDO LA GACETA DE LA SERNA!
Vete a VÍNCULOS, pincha en LA GACETA DE LA SERNA y disfruta de la nueva edición, aún fresquita, de nuestra revista.
Un mundo de poderosos textos y de impactantes imágenes se desplegará ante tus maravillados ojos.
¿Crees que exageramos? Compruébalo tú mismo.
¿A qué esperas?

lunes, 28 de junio de 2010

CÓMO PREPARAR LOS EXÁMENES DE SEPTIEMBRE

CÓMO PREPARAR LOS EXÁMENES DE SEPTIEMBRE

Si lees estas recomendaciones es porque, desgraciadamente, no has podido aprobar todas las asignaturas en Junio, como hubiera sido deseable. Por las razones que sea –quizá la más importante de todas es que no has estudiado ni trabajado lo suficiente- has desaprovechado esa oportunidad. Eso hace que no estés ahora quizá en las mejores condiciones de ánimo para afrontar la segunda oportunidad que te ofrecen los exámenes de septiembre.

Pero no tienes más remedio, si no quieres volver a suspender, que sobreponerte a esa situación y poner los medios para que no vuelva a repetirse. Una mala experiencia en cualquier terreno de la vida puede hundirnos o puede darnos fuerzas para superarla. Ahí es donde se demuestra la capacidad personal y el carácter. Y tienes que demostrar que no andas mal de ambas cosas.

Naturalmente no es lo mismo preparar una o dos asignaturas, sabiendo que incluso en el peor de los casos, pasarás de curso, que tener que preparar cinco o más asignaturas temiendo que, si no las apruebas, tendrás que repetir curso o, si ya lo has hecho, que tendrás que pasar con varias pendientes. Desde luego no es lo mismo, pero no tienes más remedio que afrontar tu situación concreta, mejor o peor, con la mejor voluntad posible. Los partidos, como bien sabes en esta época de campeonatos de fútbol, también pueden ganarse en la prorroga o con penaltis. Hay que conservar la fe en uno mismo hasta el último segundo.

Una cosa es cierta: cualquier alumno, a no ser que tenga un retraso escolar escandaloso e insuperable, -lo que puede ocurrir si no ha hecho nada durante todo el Curso-, si estudia y se prepara bien, puede aprobar en Septiembre. Cualquier profesor sabe por propia experiencia que eso es posible incluso con alumnos que han suspendido la mayoría de las asignaturas. Pero posible no significa ni probable ni fácil. El aprobado en Septiembre no es un regalo, tampoco es fruto de la suerte: es una recompensa al esfuerzo.

Y el esfuerzo lo tendrás que hacer en cualquier circunstancia: En casa sin ayuda, en casa con la ayuda de un profesor particular, en casa con la ayuda de tus padres o de tus hermanos mayores –te pueden ayudar mucho más de lo que tú supones, con su conocimiento, con su experiencia o con su ejemplo-, en una academia, en el pueblo, en el apartamento de la playa… En cualquier sitio es posible estudiar. Pero debes hacerlo sin convertir tu vida ni la vida de los que te rodean en un martirio. Pese a tus suspensos, tu familia tiene derecho a unas vacaciones. Se las han ganado, pero mal podrán disfrutarlas si tienen que estar recordándote a cada rato que debes estudiar para aprobar.

Naturalmente que no te resultará fácil conseguirlo sin dedicar muchas horas de estudio y de trabajo en el verano. Y como todo el mundo sabe, el verano no es la mejor época del año para estudiar. Es la mejor para divertirse, para disfrutar de la vida, para pasárselo bien, pero no para estudiar, máxime cuando otros a tu alrededor no tienen que hacerlo porque, más afortunados que tú, han conseguido aprobar en Junio. Bien, si piensas en eso, no vas a conseguir más que amargarte… y no estudiar.

Mejor, sé positivo, déjate aconsejar y sigue algunas recomendaciones útiles que tienes en la otra cara de esta hoja. No proceden de ningún estudio científico, menos de algún libro de magia. Si bien lo miras son simples muestras de sentido común.

RECOMENDACIONES-

-Estudia todos los días, incluso los sábados por la mañana. Los domingos y fiestas date un descanso. Las rutinas ayudan a consolidar los hábitos, también el del estudio.

-Estudia todas las asignaturas que te hayan quedado, no solo las que te gusten más o las que te resulten más fáciles.-En el caso de que te hayan quedado demasiadas asignaturas, puede ser una apuesta inteligente concentrarte en un número de materias suficiente para pasar de curso. Naturalmente eso supone el riesgo de acertar... o de equivocarse, como en cualquier apuesta.

-Estudia, siempre que te sea posible, en el mismo lugar, con preferencia tranquilo y alejado de tentaciones (consolas, aparatos de música, etc.) Ten a mano todo lo que necesites para no tener que levantarte demasiado, pero haz pausas cortas cada cierto tiempo.

-Estudia todos los días a las mismas horas, preferentemente a primeras horas de la mañana, después de darte una buena ducha y de tomar un nutritivo desayuno. Hace mucho menos calor, tendrás más energía y, cuando termines, aún podrás disfrutar del resto del día para ir a la piscina, a la playa o donde te apetezca. Hasta el día siguiente.

-Cuando se estudia se estudia de verdad., no se hace “como que se estudia”. Esto quiere decir que uno debe concentrarse en lo que hace, no perder el tiempo en distracciones ni con “aparatitos” ni con “bobaditas”. Aparentar que se estudia es más fácil que estudiar de verdad, pero ¿para qué sirve? ¿Queremos engañarnos a nosotros mismos? El jugador de fútbol en el campo debe estar atento a la pelota, no distraerse con la publicidad de las vallas ni con los aviones que pasan por encima del estadio. Eso, claro, si quiere ganar el partido. Si no…

-No estudies a lo tonto, hazlo con cabeza: hazte resúmenes de los temas o repásalos si ya los tienes hechos. Es el momento de recordar que todos los profesores han resaltado más algunos contenidos que otros o te han dado orientaciones prácticas que, aunque no las hayas seguido antes, pueden resultarte muy útiles ahora. Más vale tarde que nunca..

-Y, por supuesto, preséntate a los exámenes de septiembre. Muchos no se molestan ni en hacerlo. Los exámenes no son, ni de lejos, una lotería, pero aunque lo fueran, si quieres que te toque, tienes que sacar el boleto.

POR ENCIMA DE TODO, CONFÍA EN TI: QUE HAYAS SUSPENDIDO EN JUNIO NO SIGNIFICA QUE NO SEAS CAPAZ DE APROBAR EN SEPTIEMBRE. DEMUÉSTRATELO A TI MISMO Y DEMUÉSTRASELO A LOS DEMÁS.

viernes, 11 de junio de 2010

Contra la corrupción
Por Javier Viñarás, 2º de Bachillerato B


No resulta sencillo escribir sobre un fenómeno como este, pero para tratar de hacerlo cabría definir qué es la corrupción. ¿Es una alteración del orden? ¿Es una actitud inmoral? ¿Se sale de los límites de la justicia? Respecto a la primera de estas tres cuestiones, cabe puntualizar y profundizar en la definición del mismo orden. Si este, al igual que la sociedad, surge de un acuerdo normal y voluntario de un colectivo (haciendo referencia a la idea de Hobbes y Rousseau), no cabe duda de que su alteración supone un mal para este mismo colectivo, máxime por el hecho de que este orden ha sido establecido en una carta democráticamente aprobada (como es el caso de una Constitución); pero este principio puede ser un paso en falso, ya que la definición más correcta de democracia es el uso efectivo del poder por una población que no está dividida en clases sociales, culturas, etc… Y puesto que cualquier sociedad se halla muy alejada de esta definición, en cada sociedad habrá por tanto un concepto distinto del orden. Ejemplificando más: lo que en Italia es un caso de corrupción, en Francia no lo es o viceversa. De este ejemplo derivamos una relación con la tercera cuestión: la justicia. Al no haber los mismos cimientos democráticos en unas sociedades que en otras, el concepto de justicia también será distinto al estar subordinado al de orden. Por tanto justicia y orden se unen en una fina cuerda controlada por las manos de un titiritero: el pueblo soberano, sin embargo, deriva su poder en una élite encabezada por un individuo. Dicho sujeto se presta a mantener y modernizar orden y justicia, pero la corrupción nace cuando el personaje en cuestión maneja las cuerdas e hilos en pro de su entidad como ciudadano juzgable con derechos y deberes.
Nadie duda de que aquí reside la corrupción, pero ¿cómo se evita? Deben ser las masas, los auténticos soberanos quienes de igual modo ascendieron a este individuo, los que obliguen a bajar o a cumplir las leyes de la justicia y el orden; sin importar su cargo, sino su entidad como ciudadano. Pero si las masas no se conciencian ante este crimen, ante esta violación, entonces la democracia habrá caído para dar lugar a la oligarquía.
¿Dónde debe buscar la población su energía? ¿De dónde debe beber para fortalecerse y luchar por su justicia? De la segunda cuestión: de la moral. El individuo perteneciente a las masas debe examinar su actitud, sus actos conformes a la ley y orden establecidos por él mismo, y a partir de su perfecto cumplimiento comprenderá cuáles son las causas que deben motivarle a luchar por su justicia.
El imperativo categórico, la moral universal, encenderá a las masas para que estas, a partir de los medios democráticos, acaben con los enemigos de su propia sociedad.
Pero los sujetos deben ser conscientes, deben desearlo, deben conocer. Deben ser conscientes de su realidad política y de cómo un papel, una movilización pacífica, una protesta, una crítica constructiva, es mucho más poderosa que cualquier bala de cualquier ejército.
Su moral, su propia justicia anterior, serán los héroes de la democracia frente a los intereses de las élites.

domingo, 16 de mayo de 2010


Concurso Literario
La Serna 2010
Fallo del jurado




Al igual que sucedió en la convocatoria del curso anterior, el Concurso Literario La Serna se celebra en la modalidad presencial. Los alumnos participantes se reúnen en un aula y los profesores dan lectura a los temas sobre los que puede versar su narración. También son informados de las limitaciones de tiempo (una hora y treinta minutos) y de aquellos temas o recursos narrativos que no pueden utilizar.
Este año, para el concurso de narración los temas eran Animales heridos y Unas vacaciones infernales. Las limitaciones narrativas se reducían a tres lugares comunes, y así estaba prohibido que al final todo hubiese sido un sueño, que en algún momento del relato apareciese la policía con papel relevante o, en fin, que hubiera monstruos que participasen en la trama.
El cuento Una jornada, de Alejandro Corvera, de 1º de ESO A, es un relato sencillo y bien proporcionado. Llamó la atención del jurado la limpieza y precisión del castellano que utiliza, su falta de pretenciosidad, y un agradable sabor a novela de aventuras infantiles que, con esa misma prosa, podría haber continuado sin contratiempos en una narración de más envergadura.
El segundo premio de esta sección fue para Rubén Jiménez, de 2º E de ESO. En este caso Rubén ensaya el tema del viaje desastroso, con una prosa muy bien escrita que deja aquí y allá la firma de un humor entre estoico y socarrón.
Los premios correspondientes al segundo ciclo de ESO han sido para Helena Martín y Raquel Suela, alumnas ambas de 4º C de ESO. Son dos relatos muy distintos. El de Helena es una reflexión en el momento en que alguien se alegra de haber dado un giro a su vida. Helena utiliza el tema de los animales heridos para establecer una hermosa comparación entre nuestras necesidades y las de los animales. Su lectura es una invitación a despojarnos de aquello que no sólo nos separa de ser animales sino también de ser personas.
El relato de Raquel Suela, quien, como Helena, adoptó el tema escogido como título, es más bien el apretado argumento de una historia que se adensa en especulaciones narrativas. En el final flota el recuerdo de las arquitecturas literarias llenas de siniestros espejismos, y durante todo el relato esa inquietud de las visiones que, más que ser de horror, hablan del horror.
En el apartado de Bachillerato hemos vuelto a contar este año con otro magnífico relato de Miguel Hernández, de 2º A, que ya el año pasado ganó el certamen. En esta ocasión, sin embargo, un sorprendente relato de Sonia Rodríguez se alzó con los máximos honores.
El relato de Miguel Hernández es de una madurez literaria incuestionable. Alguno de sus párrafos es un excelente microrrelato, por ejemplo este:
“Una vez vi a una mujer atropellar a un perro en una carretera. Pegó un grito, se asustó muchísimo, bajó, lo miró con lágrimas en los ojos, se agachó a comprobar si estaba vivo, y se fue. Yo iba con mi hermana. Me acerqué a él, me agaché, me volví hacia ella, que estaba muy impresionada, y nos fuimos en silencio. Solo al llegar al cartel de entrada al pueblo le dije que el perro estaba vivo.”
El relato entero es también un ejercicio metaliterario, una búsqueda activa del sentido que para el autor encierra la expresión animales heridos. Y, en los tiempos de la no ficción, un relato estrictamente moderno. Miguel Hernández, con asepsia no violenta, pero muy lúcida, va anotando las metáforas de la realidad, les da la vuelta y las enfrenta con la pequeñez del ser humano. El final traspasa las borrosas fronteras de la reflexión y el relato y las eleva directamente a poesía. Este relato no tiene un orden de acontecimientos sino de emociones, y está, como siempre, muy bien escrito.
El jurado discutió acaloradamente a la hora de conceder el primer premio para Bachillerato, porque al relato de Miguel Hernández se le había unido, con sorprendente ligereza, el hermoso cuento de Sonia Rodríguez, El aviador estrellado, modélico en sus proporciones, en la intensidad de su prosa, en la claridad que transmitía. Sorprendió su estilo un tanto ajaponesado, como de cuento zen. Este mismo tema, tan delicadamente tratado, pero con variantes argumentales completamente diferentes, es el del delicioso cuento Sinnin, de Rionosuke Agutagawe. Sonia Rodríguez lo ha resuelto sin una palabra de más. Y muy probablemente sin una palabra de menos.
El último premio de creación literaria, el de poesía, fue a parar al poema Casi parecido, de Elisa López–Vázquez. Lo que agradó de su composición fueron sus buenas maneras poéticas, su facilidad para dominar el ritmo y emplearlo como cañamazo de imágenes que surgen y discurren como un río. El mismo método, la cascada de imágenes con frecuentes anáforas deliberadamente simétricas, es un acto poético libre de prejuicios y lleno de un imaginario urgente que es donde mejor se aprecia lo que de poesía queda en un poema. En esta salmodia de comparaciones, en este torrente rítmico van saltando imágenes como salmones, y todas ellas tienen una característica que las une: todas están vivas y hablan de nosotros, son imágenes reales, tragedias en dos palabras, verdades desapercibidas, objetos que nos avisan. Imágenes felices, como se decía antiguamente. Y es, por encima de todo, una voz, un punto de vista, una manera de ver el mundo, que es lo primero que pedimos de un poeta.
Ganadores del Concurso Literario
La Serna 2010

Primer premio de narración para alumnos de primer ciclo de ESO.

Alejandro Corvera
Una jornada



En la agitada selva del Amazonas resonaba, apagado, un gemido. Era el gemido de un lince malherido. Carlos se percató del sonido continuado y avisó a sus compañeros.

–Marisa, Fernao –susurró Carlos.
Sus dos compañeros, alarmados por la llamada del joven, volvieron la cabeza. Carlos les hacía señas para que fueran a su posición.
–¿Qué pasa, Carlos? –preguntó Marisa.
–Es un lince –respondió Carlos.
Los tres muchachos corrieron hacia el lugar de origen del llanto. Un lince de color pardo yacía tendido en la orilla del río, moviéndose lentamente. Una enorme herida se adivinaba en el maltratado cuello del animal.
–Debe de ser un mordisco de cocodrilo –dijo Fernao, agachándose a examinar la herida–. Habrá ido a beber al río y un cocodrilo le habrá mordido. El lince, aunque malherido y con su vida pendiendo de un hilo, se debatía en la lucha contra la muerte.
Carlos sacó el botiquín de primeros auxilios. Empezó a tratarlo en cuanto sacó los instrumentos necesarios. Pasaron diez minutos…, veinte…, cuarenta…, una hora. ¡Qué buen resultado! El lince, como un perro alegre, daba saltos de lo bien que estaba…, y todo gracias a Carlos, Fernao y Marisa.
Veréis, los tres son voluntarios en una asociación de protección de animales. Van por las selvas y bosques en busca de animales malheridos o enfermos y cuidan de ellos hasta que estos se recuperan. El lince estaba mejor, mas necesitaba más cuidado. Fernao, el mayor de los tres, lo llevó a la furgoneta para llevarlo a la clínica veterinaria que la asociación tenía allí. Por suerte, estaba cerca. Carlos y Marisa fueron a buscar más animales necesitados de ayuda.
Después de media hora, con Fernao ya con ellos, cuando se dispusieron a buscar más animales heridos, oyeron un grito a no mucha distancia.
Al encontrar al animal, un charco de sangre bañaba su pequeño cuerpo. Era una gacela.
Como alma que lleva el diablo, los tres se encargaron del pequeño mamífero, que gemía de forma espantosa. Al cabo de un rato la gacela estaba ya recuperada.
Cayó la noche y los tres jóvenes acabaron la jornada. No estaba anda mal, pues han ayudado a dos animales. Sin embargo, todavía quedan muchos animales que necesitan mucha ayuda, y es obligación nuestra contribuir a que puedan vivir mejor respetando su ecosistema, o no cazar ni pescar furtivamente.
Ganadores del Concurso Literario
La Serna 2010

Primer premio de narración para alumnos de segundo ciclo de ESO.

Helena Martín
Animales heridos

Se acercaba la hora de partir. Hacía un año que Amanda había llegado a aquel campamento, instalado en pleno corazón de África, con el objeto de participar en aquella importante labor social que le había colmado, durante trescientos sesenta y cinco días, el corazón de sueños e ilusiones, y mientras recogía las pocas pertenencias que allí le era posible tener, hacía el balance de aquel año de esfuerzo y sudor, de emociones y lágrimas, pero sobre todo de felicidad, plenitud y satisfacción, de aquel año que había cambiado por completo su vida, que la había cambiado a ella para siempre.
Cuando Amanda vivía en Madrid, todos los días le parecían iguales, grises, monótonos. Se limitaba a ir de casa a la Facultad, y de la Facultad a casa, y si bien desde niña aquello que más le entusiasmaba (por no decir lo único) eran los animales, y a pesar de que estudiaba para veterinaria, el tiempo que le ocupaba el estudiar le resaba de hacer otras cosas. La rutina la había convertido en una máquina, en un hongo sin vida. Amanda estaba enferma. Enferma de abulia y apatía, porque nada le llenaba el alma, nada la inspiraba, nada la conmovía, no tenía ilusiones ni sueños. Bueno, en realidad sí que tenía un sueño: dedicarse de forma plena a los animales. Sin embargo, Amanda pensaba que en aquella sociedad jamás podría ver su sueño culminado, pues por muy buena que fuera en su profesión, y por muy grande que fuera su amor por la naturaleza, en aquella sociedad nadie era libre de escoger su camino. Al final todas las personas acababan viviendo de la misma forma: vistiendo ropas iguales, viviendo en casas iguales, teniendo familias iguales, desempeñando trabajos aburridos, monótonos e iguales… Y dado que el sueño de Amanda iba mucho más lejos que todo aquello, la joven jamás sintió la emoción de lanzarse a la aventura, de darlo todo por su ideal. No hasta que le ofrecieron formar parte del voluntariado de aquel proyecto, que consistiría en instalarse durante un año en pleno corazón de la sabana africana, y, además de participar en labores de ayuda hacia los poblados más desfavorecidos, vacunar, curar y cuidar de animales heridos.
Fue entonces, y solo entonces, cuando Amanda comenzó a sentirse viva, cuando empezó a sentir la ilusión ante el provenir, ante la tarea por realizar.
En efecto, durante aquel año, había hecho llegar el agua a varias aldeas, junto a sus compañeros, había repartido alimentos, incluso había impartido alguna que otra clase a aquellos niños que no tenían la suerte de poder asistir a la escuela. Había contemplado ante sus ojos paisajes que jamás habían osado dibujarse en la librete de su imaginación, la cual había permanecido blanca, intacta hasta el momento. Había vacunado y cuidado de animales, había curado sus heridas, poniendo en práctica para ello todo cuanto sabía. Pero sobre todo había convivido con los seres vivos de aquel lugar, había adoptado como propia la cultura de sus gentes. Ella había viajado a África para curar animales heridos, pero habían sido estos quienes la habían curado a ella. ¿O es que era ella también un animal herido? Sí, sin duda alguna lo era, era un animal herido y enfermo . Enfermo de vivir en aquella sociedad, obtusa, cerrada a otros mundos a otras culturas, donde predominaban el miedo y el odio, donde no había lugar para los pensamientos libres, enfermo de vivir sin tener vida, huérfano de ilusiones y sentimientos, enfermo de contempla cada día, impotente, cómo ante sus ojos más animales heridos, animales de rebaño, se dejaban encerrar en estrechos rediles, maleables, encandilados por la voz del pastor, una voz única, absoluta, incuestionable.
Gracias a aquel año se había sentido útil por primera vez, y era esto lo que le había hecho, también por primera vez, abrir los ojos, ver, sentir la vida, saber que nada es imposible de llevar a cabo. Era la experiencia que había vivido, todo lo que había visto: la miseria, el hambre, la enfermedad. Y fue entonces cuando supo que la ilusión, los sueños, el estímulo que supone la esperanza de cambiar el mundo y el porvenir, constituían la única cura existente para los animales heridos, para todos aquellos animales heridos que la rodeaban en su entorno habitual, para la humanidad.
Se acercaba la hora de partir, el alba despuntaba, y la luz penetraba a raudales por los resquicios de su cabaña y se veían raudales de luz, los del lugar que la había visto verdaderamente nacer, lo que le otorgarían el poder de la visión, los que iluminarían ya para siempre su vida.
Ganadores del Concurso Literario
La Serna 2010

Segundo premio de narración para alumnos de segundo ciclo de ESO.

Raquel Suela
Unas vacaciones infernales

Samantha cerró su bolso y se dispuso a abandonar la casa. Una sonrisa brillaba en su boca, sobre todo el diamante que hacía unos días se había implantado en un diente.
Estaba feliz, se sentía dichosa. Por fin iba a conseguir lo que quería, y lo obtendría por la mitad de precio que había imaginado. O por el doble.
Se dirigió a la estación de tren. Se informó sobre los horarios y, viendo que el que la dirigía donde ella deseaba se demoraría entre media hora y unos cuarenta y cinco minutos, decidió hacer una visita a la cafetería de la estación.
El propietario de aquel bar era un hombre sucio, grosero y con mugre entre las uñas de los pies, que se veían a través de sus sandalias roídas y llenas de moho.
Le preguntó qué deseaba, pidió un vaso con agua del tiempo, y en el sucio mostrador, un vaso polvoriento fue llenado por él de agua del grifo calenturienta.
Como le pareció una falta de educación, se tomó la molestia de comprar un pequeño pincho para almorzar durante el viaje.
Se despidió del dependiente, salió de la cafetería y se dispuso a sentarse en un banco cercano a las vías. En él, una señorita joven, de aspecto cansado, portaba a un crío de poca edad en brazos. Se acercó para preguntarle la hora. Muy amablemente susurró que eran las cinco en punto. Le dio las gracias y ella volvió a su postura anterior, tambaleándose sobre sí misma con la criatura, esta vez en su regazo.
A falta de cinco minutos para que finalizara el plazo para la llegada tardía del tren, oyeron un extraño chirriar en las vías que nos despertó de nuestros ensimismamientos.
Entró apresuradamente en el vagón y se sentó lo más cerca que pudo de la ventana de emergencia. Sin saber muy bien por qué, viajaba aterrada. Toda la gente con la que se había cruzado era de una rareza extrañísima. No pasaba nada, en dos horas estaría disfrutando del clima cálido de su destino.
Le habían encargado traducir unos documentos oficiales en una de las oficinas del Ministerio de Decretos Provinciales de un pueblo cercano a Andarías, su ciudad natal, situada en la frontera entre Martinico y la Española, dos islas preciosas separadas por un lilo de mar. ¡Qué tropical le pareció todo! Normal, en aquellas tierras casi todo lo era. Ya se arrepentiría de haber aceptado el trabajo. Un sentimiento atroz se apoderaba por momentos de su alma, y ni siquiera sospechaba a qué se debía. Muy pronto intuyó que algo en aquel vagón no marchaba bien.
La joven rubia que había hallado en la estación de trenes de Andarías había desaparecido.
Incluso Samanha recordaba haberla visto subir a aquel vagón, cargada con el carrito de la niña y un cesto de mimbre. También recordaba el asiento exacto en el que se situaban. Lo que no recordaba era el momento exacto en que, tanto la joven señorita, como el carrito, habían desaparecido de su campo visual. Sólo quedaba la niña, cuya pequeña cabeza asomaba entre el asa de la cestita de mimbre y su respectiva tapa.
Por fin llegó a su destino. Pero no podía abandonar a esa criatura allí. Le dio un vuelco al corazón, tomó la niña en brazos, encargó a un muchacho negro que cargara el equipaje hasta el hoterl, mientras se dirigía apresuradamente al punto de informació o recepción. En la cesta había también un bibierón de plástico, en el cual sobraban unos mililitros todavía, también una cartilla médica y un documento nacional de identidad perteneciente al padre de la criatura.
Luego le informaron de que todos esos papeles eran falsos, de que la criatura había sido abandonada por la madre y de que el padre cumplía condena por robo con fuerza en una prisión de San Petersburgo.
¡Cuántos territorios recorridos entonces!
Más relajada, y dejando a la niña en buenas manos, se dirigió a un lujoso hotel. Lo primero que hizo fue darse una mortífera ducha de sengre en su estancia. Alguen había aprovechado cuando el muchacho negro entró, para aguardarla desde el lado oscuro. O por el doble de dinero, había sido comprado para matarla.
En aquellos lugares alejados de la mano de Dios y, sobre todo, de cualquier tipo de justicia humana, se cometían muchos crímenes políticos, que ni por asomo serían investigados. Por supuesto, este no iba a ser la excepción.
Las oficinas a las que debía dirigirse para ocupar su puesto al día siguiente por la mañana reclamaron su ausencia en la embajada.
Imposible ya de recuperar era el cuerpo.
La investigación llegó más lejos de lo que se esperaba. Lo que habrían sido unas vacaciones pagadas, solo por traducir unos cuantos textos, se había convertido en la daga que apagaba la luz de su vida.
Samantha tenía un novio. O mejor digamos tuvo. Siempre quiso ir a vivir a ese lugar. Cuando Samantha le comunicó la noticia de que se hallaba en estado de buena esperanza, a su novio Dominique se le hizo un nudo. Él tenía la ilusión de ser padre algún día, pero aquella noticia tan inesperada le marcó profundamente.
Él no podía mantener una familia, vivía en la pobreza más extrema, tenía que robar para poder alimentarse, decidió que nunca más volvería a pasarle otra vez lo mismo, acabar en la cárcel por mantener una familia. Por eso mató a Samantha, embarazada de su criatura, justo antes de sus vacaciones, justo antes de que descubriera que el padre de la criatura abandonada en el tren era él.
Ganadores del Concurso Literario
La Serna 2010

Primer premio de narración para alumnos de Bachillerato.


Sonia Rodríguez
El aviador estrellado

Una pequeña vida entre sus manos, con un corazón rápido y pequeño, tan rápido que si intentara contar sus latidos seguro que se saltaría alguno; nota cómo ese corazón da vida al pequeño ser, cómo lucha por seguir dándosela.
Ágata ha hecho un cofre con sus manos y lo protege como si fuera un tesoro, para ella la vida lo es.
La abuela Clara vive en un pueblo muy pequeño, tan pequeño que si parpadeas cuando pasas al lado te lo pierdes. La abuela fue enfermera, en sus años mozos, como dice ella, pero ahora todos los raspones de Ágata los cura con besos y galletas, eso sí que es medicina, dice ella. Ágata piensa que su abuela lo sabe todo, y es de esas mujeres que también lo pueden todo, así que como Ágata le ha dado a su abuela poderes sobrenaturales se apresura al correr por el bosque con las manos en cofre contra el pecho, y la esperanza de que el corazón siga latiendo.
Los pájaros no entienden de vendas, ni de medicina, ni de huesos. Los pájaros entienden de viento y de cielo, de corrientes de aire y de nubes, entienden de aterrizar, incluso de malos aterrizajes. Pero no entienden cómo un hueso roto en sus pequeñas alas hace que no puedan volar, no entienden y se desesperan, los ves en el suelo con su ala rota, aleteando desesperados para volver al cielo.
Por suerte la abuela de Ágata es enfermera, y Ágata sí que entiende, sabe de huesos, heridas, besos, galletas y esperanzas.
La abuela de Ágata está sentada en las escaleras de su cas a y asiste al espectáculo de ver correr a su nieta como si le fuera la vida en ello, ante ella se para una Ágata de mejillas arreboladas y respiración alterada, que abre las manos, la mira apenada y le dice:
–Tú puedes, abuela, ¿verdad que puedes ayudarle?
–Claro que sí –responde.
Ágata asiente aprobadora.
–Eso le he dicho yo.
–Si se lo has dicho seguro que ahora está mucho más tranquilo.
Los pájaros que se rompen un ala no suelen sobrevivir, pero hay pájaros con suerte, pajarillos que se encuentran con nietas de enfermeras.
–Eres un pájaro con suerte. Sólo extiende las alas y vuela.
Ganadores del Concurso Literario
La Serna 2010

Segundo premio de narración para alumnos de Bachillerato.


Miguel Hernández
Cojo de una pata



Me pregunto qué siente una araña cuando un niño le arranca una pata.

Es algo que nunca he hecho, por las razones que podrían resumirlo con bastante precisión en las palabras aracnofobia y respeto. Pero he visto hacerlo de niño y siempre he sentido curiosidad. Coger insectos, o un polluelo caído de un nido, y cuidarlo, es una cosa. Torturarlos, arrancarles una pata, estrellar un polluelo contra una pared de ladrillo de la fachada de un colegio, son otra.

Aunque no lo creamos a veces el hombre es el animal más simple de todos. No me interesa lo más mínimo lo que pasa por la cabeza del niño que mata al polluelo. Pero qué sentirá la araña (yo siempre la imagino como una de esas que tienen las patas muy largas y el cuerpo muy pequeño) al huir o intentar huir del niño trastabilladamente y apoyando por reflejo o instinto una parte que ya no existe.

Tampoco me interesa lo que pasará por la cabeza de una persona que dedica dos horas libres o laborables a anidar animales heridos en un refugio, pues pecando de cinismo quizá les meto en el mismo saco que al niño que ríe al ver al polluelo, de piel marronácea, translúcida, estallar contra la pared. Y, en muchos casos, la simplificación es correcta. Pero qué sentirá un perro, viejo ya, cojeando de una pata los pocos días que le quedan mientras su piel dañada por la vejez o la enfermedad anuncia que dentro de poco no fallará solo esa parte.

Un águila con un ala dañada. Se la ve renqueante, el resto de la fauna atenta, tanto antiguas víctimas como futuros verdugos. Un ser humano en una situación similar sentiría quizá desesperación, rabia, impotencia, vergüenza. Cojos de un ala. Tocados de un ala.

Un torero siente pánico, un temor que le seca la boca y la deja embarrada, la mandíbula batiente, la rigidez inevitable en el momento y que esperas evitar para tu futuro inmediato. Lo tienes fácil: no salgas. Me pregunto si, avanzando la faena, el toro, como el minotauro de Borges, ve en él su verdugo o su libertador, o su vía de escape de ese particular laberinto jaleante. La herida del costado sangra. Un animal herido es presa fácil. Si no puedes correr, cazar, huir…, tienes pocas probabilidades de sobrevivir. Sí que me intriga el niñato de la gorra que se ríe del viejo sabueso cojo. También se reiría de una persona sin una pierna. O del polluelo. O de la niña de los gusanos de seda. El más cojo de todos. En el país de los ciegos… el cojo es un chiste con pata.

Me pregunto qué siente un niño cuando una araña le arranca una pierna.

Si no fuera por gente voluntariosa que cuida de los animales heridos, las víctimas de los descuidos humanos al volante de un Volvo o del sadismo inconsciente de otros no tan humanos, no habría salvación para muchos de estos animales. Y pensar que muchos de ellos solo tratan de ocultar su propia vanidad, remordimiento, por qué no, su propia cojera.

Puede que el dolor de la araña sea equivalente al del niño. Si me apuras, será una cuarta parte.

Somos gatos tuertos ahorcados de una rama ante un cuartucho con muros de argamasa.

No podemos ocultar la huella que dejamos. La araña cojea igual. Una vez vi a una mujer atropellar a un perro en una carretera. Pegó un grito, se asustó muchísimo, bajó, lo miró con lágrimas en los ojos, se agachó a comprobar si estaba vivo, y se fue. Yo iba con mi hermana. Me acerqué a él, me agaché, me volví hacia ella, que estaba muy impresionada, y nos fuimos en silencio. Solo al llegar al cartel de entrada al pueblo le dije que el perro estaba vivo.

Me pregunto qué sintió el perro al mirarle a los ojos, al verlo reflejado en las nubes, su pecho respirando débilmente.
Respeto mucho la labor de los voluntarios de los centros de animales. Si lo hacen por conciencia, son esa clase de gente que es mejor persona que tú hasta un punto que ni te planteas. Si son hipócritas como yo, al verlos tratan de lavar su conciencia o al mentos de ocultar su culpa. Lo cual es casi lo mismo.
Me pregunto si sintió angustia al ver que nos parábamos dos y no lo ayudábamos ninguno.
Se me hace muy difícil imaginarme una nutria herida, o un buitre inválido.
Se me hace muy difícil imaginarme al imbécil de la gorra herido. O cojeando simplemente. O recién atropellado.
Es muy molesto ir cojeando.
Un animal herido es una presa fácil. Si no puedes correr, cazar, huir…, tienes pocas posibilidades de sobrevivir. Salvo que tus predadores estén heridos, salvo que tus víctimas se dejen comer.
Arrastrarse como un animal herido es muy molesto. Al principio. Después el mundo se divide entre los que no se dan cuenta y los que se acostumbran y viven con ello.
Arrastrándose como animales heridos.
Cojos de una pata.