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sábado, 28 de marzo de 2009

Nada

Por dificultades en el último momento para adquirir billetes, llegué a Barcelona a medianoche, en un tren distinto del que había anunciado, y no me esperaba nadie.
Era la primera noche que viajaba sola, pero no estaba asustada; por el contrario, no parecía una aventura agradable y excitante aquella profunda libertad en la noche. La sangre, después del viaje largo y cansado, me empezaba a circular en las piernas entumecidas y con una sonrisa de asombro miraba la gran estación de Francia y los grupos que estaban aguardando el expreso y los que llegábamos con tres horas de retraso.
El olor especial, el gran rumor de la gente, las luces siempre tristes, tenían para mí un gran encanto, ya que envolvía todas mis impresiones en la maravilla de haber llegado por fin a una ciudad grande, adorada en mis ensueños por desconocida.
Empecé a seguir -una gota entre la corriente- el rumbo de la masa humana que, cargada de maletas, se volcaba en la salida. Mi equipaje era un maletón muy pesado -porque estaba casi lleno de libros- y lo llevaba yo misma con toda la fuerza de mi juventud y de mi ansiosa expectación.
Un aire marino, pesado y fresco, entró en mis pulmones con la primera sensación confusa de la ciudad: una masa de casas dormidas; de establecimientos cerrados; de faroles como centinelas borrachos de soledad. Una respiración grande, dificultosa, venía con el cuchicheo de la madrugada. Muy cerca, a mi espalda, enfrente de las callejuelas misteriosas que conducen al Borne, sobre mi corazón excitado, estaba el mar.

Carmen Laforet

Viaje a la Alcarria

El viajero va con su ayudante, con el niño del pelo azafrán al lado. El niño le había dicho:
-¿Me permite que le acompañe unos hectómetros?
El viajero, que siente una admiración sin límites por los niños redichos, le había respondido:
-Bien; te permito que me acompañes unos hectómetros.
Ya en la carretera, el viajero se para en un regato, a lavarse un poco. El agua está fresca, muy limpia.
-Es un agua muy cristalina, ¿verdad?
El viajero descuelga la mochila y se desnuda de medio cuerpo. El niño se sienta en una piedra a mirarle.
-No es usted muy velludo.
- Pues no... Más bien no.
El viajero se pone en cuclillas y empieza a refrescarse las manos.
-¿Va usted muy lejos?-Psche...; regular... Dame el jabón.
El niño destapa la jabonera y se la acerca. Es un niño muy obsequioso.
-¡Pues anda, que como vaya usted muy lejos con este calor!
-A veces hace más, dame la toalla.
El niño le da la toalla.-¿Es usted de Madrid?
El viajero mientras se seca, decide pasar a la ofensiva.
-No, no soy de Madrid, ¿Cómo te llamas?
-Armando, para servirle, Armando Mondéjar López.
-¿Cuántos años tienes?
-Trece.
-¿Qué estudias?
-Perito.
-Perito... ¿qué?
-Pues perito... perito.
-¿Qué es tu padre?
-Está en la Diputación.
-¿Cómo se llama?
-Pío
-¿Cuántos hermanos tienes?
-Somos cinco: cuatro niños y una niña. Yo soy el mayor.
-¿Sois todos rubios?
-Sí, señor. Todos tenemos el pelo rojo; mi papá también lo tiene.
En la voz del niño hay como una vaga cadencia de tristeza.
El viajero no hubiera querido preguntar tanto. Piensa un instante, mientras guarda la toalla y el jabón y saca de la mochila tomates, el pan y un lata de "Foi-gras", que se ha pasado de rosca preguntando.
-¿Cómenos un poco?
-Bueno; como usted guste.
El viajero trata de hacerse amable, y el niño, poco a poco, vuelve a la alegría de antes de decir: "Sí, todos tenemos el pelo rojo. Mi papá también lo tiene". El viajero le cuenta al niño que no va a Zaragoza, que va a darse una vueltecita por la Alcarria; le cuenta también de dónde es, cómo se llama, cuántos hermanos tiene. Cuando le habla de un primo suyo, bizco, que vive en Málaga y que se llama Jenaro, el niño va ya muerto de risa. Después le cuenta cosas de la guerra, y el niño escucha atento, emocionado, con los ojos muy abiertos.
-¿Le han dado algún tiro?
El viajero y el niño se han hecho muy amigos y, hablando, llegan al camino de Iriépal. El niño se despide. (...)
El viajero echa a andar y el niño se queda mirando el borde de la carretera. Desde lejos, el viajero se vuelve. El niño le dice adiós con la mano. A pleno sol, el pelo le brilla como si fuera de fuego. El niño tiene el pelo hermoso, luminoso, lleno de encanto. Él cree lo contrario.

Camilo José Cela

Dientes, pólvora, febrero (fragmento)

En esto ya venían los batidores, y fueron desfilando por delante de la loba, contentos del resultado que había tenido la jornada. Y después la quisieron cargar en un caballo, pero el caballo sentía repeluco y empezó a pegar coces y respingos, y no se dejaba echar la loba encima, y la tuvieron que amarrar con una cuerda por el cuello y llevarla dos hombres, el uno la traía por el rabo y el otro por el cabo de la cuerda, y así no se manchaban con la sangre. Era una loba muy grande, y arrastraban las patas por el suelo conforme la llevaban, y ya acudían al encuentro de ella dos hombres de una huerta y un yergüero y una media docena de niños, a la salida de la mancha, cuando todo el tropel de cazadores venía descendiendo la ladera. Los chicos le hicieron muchos aspavientos y le tocaban el cuerpo maltratada, y algunos la agarraban por las patas, como si fuese por decir que ellos también la iban llevando con los hombres. Uno pasó toda la mano por la carne del cuello de la loba, y la sacó llena de sangre, y luego gastaba bromas a las niñas porque les iba con aquella mano a mancharles la cara en un descuido. El alcalde venía retrasado, cojeando, con dos concejales, uno de ellos el que había dado muerte a la loba; y el pastor les andaba insistiendo que bajaran al chozo y pararan allí a mediodía: que él tenía mucho gusto de matarles un par de cabritos, y aviarlos en seguida, y que comieran todos, como haciendo una miaja de fiesta, ya que habían despachado tan temprano, que no serían ni las once; y ya les quedaría toda la tarde por delante para coger la camioneta y volverse hacia el pueblo, a buena hora; porque él sentía que era el primero que les tenía que estar agradecido, y que un par de cabritos no iban a parte ninguna, equiparados al valor de los daños que le habían quitado de encima al ganado dándole muerte a aquella loba, tan golosa y tan tuna y perversa; y que, además, ya no había remedio, porque había mandado recado por delante y ya sentía llorar a los cabritos (“escuche, ¿no los oye?”, le decía), que los estaban degollando, ahora mismo, allá enfrente, en la majada. La loba fue depositada junto al chozo. Salieron a verla las mujeres, pero ellas no reían ni gozaban, y sólo se detenían a mirarla un momento, así de medio lado, en el gesto de volverse a marchar en seguida, como quien mira una cosa deleznable.

Rafael Sánchez Ferlosio,

miércoles, 11 de marzo de 2009

Circunstancias favorables al poder de selección del hombre

En los animales, la facilidad en evitar los cruzamientos es un importante elemento en la formación de nuevas razas, por lo menos en un país que está ya provisto de otras. En este concepto, el aislamiento del país representa algún papel. Los salvajes errantes y los habitantes de llanuras abiertas rara vez poseen más de una raza de la misma especie. Las palomas pueden ser apareadas para toda su vida, y esto es una gran ventaja para el criador, pues así muchas razas pueden ser mejoradas y mantenidas puras, aunque estén mezcladas en el mismo palomar, y esta circunstancia debe haber favorecido mucho la formación de nuevas razas. Las palomas, debo añadir, pueden propagarse mucho en número y en progresión rapidísima, y los ejemplares inferiores pueden rechazarse sin limitación, pues muertos sirven para alimento. Por otra parte, los gatos, por sus costumbres de vagar de noche, no pueden ser apareados fácilmente y, aunque tan estimados por las mujeres y niños, rara vez vemos una raza distinta conservada mucho tiempo; las razas que vemos algunas veces son casi siempre importadas de otros países. Aun cuando no dudo que unos animales domésticos varían menos que otros, sin embargo, la escasez o ausencia de razas distintas del gato, del asno, pavo real, del ganso, etc., puede atribuirse, en gran parte, a que no se ha puesto en juego la selección: en los gatos, por la dificultad de aparearlos; en los asnos, porque los tiene sólo en corto número la gente pobre y se presta poca atención a su cría, pues recientemente, en algunas partes de España y de Estados Unidos, este animal ha sido sorprendentemente modificado y mejorado mediante cuidadosa selección; en los pavos reales, porque no se crían muy fácilmente y no se tienen grandes cantidades; en los gansos, por ser estimados sólo para dos objetos, alimento y plumas, y especialmente por no haber sentido gusto en la exhibición de las distintas razas, y el ganso, en las condiciones a que está sometido cuando está domesticado, parece tener una organización singularmente inflexible, aunque ha variado en pequeña medida, como he descrito en otra parte.
Charles Darwin

viernes, 6 de marzo de 2009

FUTURISMO

Cada cinco segundos cañones de sitio desventrar el espacio con un acorde tam-tuuumb amotinamiento de 500 ecos para echarle la zarpa desmenuzarlo desparramarlo al infinito. En el centro de esos tam-tuuumb espachurrados anchura 50 kilómetros cuadrados saltar estallidos tajos puñetazos baterías de tiro rápido Violencia ferocidad regularidad este bajo grave escandir los extraños locos agitadísimos agudos de la batalla Furia afán ¡oídos ojos narices abiertas! ¡atención! ¡ánimo! qué alegría ver oír oler todo todo taratatatata de las ametralladoras chillar hasta perder el aliento bajo mordiscos bofetadas traac-traac latigazos pic-pac-pum-tumb rarezas saltos altura 200 metros de la fusilería Abajo abajo al fondo de la orquesta estanques chapotear bueyes búfalos aguijones carros pluff plaff encabritarse de caballos flic flac zing zing schaac rientes relinchos iiiiiiii... arrastrar patas tintineos 3 batallones búlgaros en marcha croooc-craaac (lento dos tiempos) ríos Maritza o karvavena croooc-craaac gritos de los oficiales golpear como platos de latón pan por aquí paac por allí ching buuum ching chac (presto) chachacha-chachaac arriba abajo alrededor en lo alto cuidado con la cabeza chaac ¡muy bien! Llamaradas llamaradas llamaradas proscenio de los fuertes allá abajo detrás de ese humo Schukri-Pachá comunica telefónicamente con 27 fuertes en turco en alemán aló! Ibrahim! Rudolf! Aló aló! Actores papeles ecos apuntadores escenarios de humo bosques aplausos olor de heno barro estiércol no me siento ya los pies helados olor de salitre olor de rancio Platillos flauras clarines por todas partes bajo alto pájaros gorjear felicidad umbrías chip-chip-chip brisa verde don-dan-don-din beeee de los rebaños Orquesta los locos apalean a los profesores de oquesta éstos apaleadísismos tocar tocar Grandes estrépitos no borrar precisar recortándolos ruidos más pequeños menudísimos escombros de ecos en el teatro anchura 300 kilómetros cuadrados ríos Maitza Tungia tumbados montes Ródopes erguidos alturas palcos gallinero 20 000 shrapnels explotar pañuelos blanquísimos llenos de oro Tum-bum 20 000 granadas tendidas adelante arrancar con roturas cabelleras negrísimas zang-tumb-zang-tum-tuuumb la orquesta de los ruidos de guerra hincharse bajo una nota de silencio en el alto cielo globo esférico dorado que vigila los tiros.

Filipo Tommaso Marinetti, Adrianópolis sitio orquesta (1911)

martes, 3 de marzo de 2009

El lenguaje técnico científico

1. FACTORES CONDICIONANTES DEL LENGUAJE CIENTÍFICO.

1.1. El nivel culto que la lengua aporta al escrito:
1.1.1. Uso de un código eleborado
1.1.2. Corrección o respeto a la norma lingüística
1.1.3. Precisión al codificar los contenidos
1.1.4. Claridad en la exposición
1.2. Las formas expresivas propias de la materia:
1.2.1.Tecnicismos específicos de cada modalidad científica o técnica
1.2.2 Códigos heterogéneos: lingüísticos, gráficos, cromáticos, tipográficos, iconográficos, formulaciones, etc.
1.3. Cualidades del estilo científico:
1.3.1. Objetividad
1.3.2. Universalidad
1.3.3. Verificabilidad
1.4. Capacidad del receptor

2. RASGOS LINGÜÍSTICOS DEL TEXTO TÉCNICO-CIENTÍFICO

2.1. Rasgos relacionados con el nivel culto de la lengua: precisión y claridad.
2.1.1. Precisión:
2.1.1.1. Utilización de tecnicismos:
La mielografía consiste en la introducción de una sustancia radio – opaca dentro del espacio subaracnóideo para demostrar una lesión en los compartimentos intra y extradural del canal raquídeo.
2.1.2. Claridad:
2.1.2.1. Sencillez sintáctica: predominio de la parataxis sobre la hipotaxis.
2.1.2.2 Abundancia de subordinadas adjetivas explicativas, que actúan como aclaración de sus antecedentes.
2.1.2.3. Uso de incisos entre comas, rayas y paréntesis.
2.1.2.4. Aposiciones.
2.1.2.5. Conjunción o con valor de identificación o equivalencia.
2.1.2.6. Definiciones, aclaraciones o resúmenes tras dos puntos.
2.1.2.7. Enlaces explicativos –es decir, esto es, a saber, etc.- que consolidan la coherencia textual.
2.1.2.8. Repetición de palabras, tolerable por su valor aclaratorio, inaceptable en otro tipo de texto.
2.1.2.9. Elementos ordenadores del pensamiento: distribución en secuencias, relaciones de consecuencia o conclusión: por tanto, por consiguiente.
2.2. Rasgos expresivos relacionados con la materia:
2.2.1. Códigos tipográficos: negritas, cursivas.
2.2.2. Códigos iconográficos: gráficos, dibujos.
2.2.3. Códigos específicos: lógica, informática, química, etc.

2.3. Rasgos lingüísticos motivados por las cualidades del estilo científico.
2.3.1.Objetividad, que se consigue:
2.3.1.1.Diluyendo la importancia del sujeto. Procedimientos:
2.3.1.1.1. Oraciones enunciativas en función referencial.
2.3.1.1.2. Oraciones pronominales con se con valor impersonal o pasiva refleja, que presentan la acción de una manera anónima.
2.3.1.1.3. Oraciones de pasiva analítica (con ser)
2.3.1.1.4. Nominalización de frases verbales: sale el sol / la salida del sol.
2.3.1.1.5. Sustitución del verbo por un sustantivo postverbal abstracto: ingerir /ingestión.
2.4.1.1.6. Nominalización del infinitivo: estudiar los resultados / el estudio de los resultados.
2.3.1.2. Destacando los hechos y los datos.
2.3.1.2.1. Adjetivos especificativos, generalmente pospuestos: campo semántico, campo magnético, campo vectorial, campo gravitatorio.
2.3.1.2.2. Oraciones de relativo en función adjetiva especificativa.
2.3.1.2.3. Complementos preposicionales del nombre.
2.3.1.2.4. Uso del indicativo.
2.3.1.3. Determinando las circunstancias que acompañan a los procesos.
2.3.1.3.1. Oraciones adverbiales.
2.3.1.3.2.Complementos circunstanciales.
2.3.1.3.3. Presencia, en el comienzo de frase, con valor circunstancial, de infinitivos, gerundios y participios.
2.3.2. Universalidad:
2.3.2.1. Uso del artículo con valor generalizador, que transforma lo particular en general y predica de la especie lo que se dice del individuo.
2.3.2.2. Presente atemporal.
2.3.2.3. Presencia de nombres abstractos.
2.3.2.4. Tecnicismos.

3. DIFERENCIAS ENTRE EL LENGUAJE COMÚN Y EL CIENTÍFICO

3.1. En la relación significante-significado. En los tecnicismos es frecuente la motivación.
3.1.1. Raíces clásicas que contienen una definición de lo evocado: anaerobio 3.1.2. Adaptación del nombre del país originario del descubridor: polonio, rutenio
3.1.3. Derivación del nombre del científico relacionado con su estudio o descubrimiento: vatio (Jacobo Wat), julio (Prescott Joule), dalia (Andrés Dhal), amperio (Ampere).
3.1.4. Los elementos que componen el significante son los que integran el producto evocado: acetil-salicílico, poliuretano.
3.1.5. Alude a la forma: martillo, yunque, lenticular, estribo, bacteria, flagelados.
3.1.6. Alude al color: cianuro, cloro
3.1.7. Relación con el momento en que aparece: presbicia <>

Fusión por láser

El método más conocido para alcanzar las condiciones de fusión consiste en calentar un plasma, un gas de iones y electrones libres, electricamente neutro, confinado mediante un campo magnético intenso. Sin embargo, a comienzos de los sesenta algunos investigadores empezaron a experimentar en los Estados Unidos con un método radicalmente distinto de calentamiento del plasma, aprovechando la enorme capacidad calefactora del láser. Un haz o pulso de luz láser se disgrega en luces menores de igual intensidad. Se incrementa la energía de los haces divididos y se vuelven a unir posteriormente por medio de un sistema de espejos y lentes: así, los haces se enfocan desde diversas direcciones hacia una pequeña región. Se introducen cargas de combustible, deuterio y tritio, en una cápsula esférica de unos pocos milímetros de diámetro, fabricada en plástico, vidrio u otro material; la pastilla del combustible resultante se sitúa en la intersección de los haces, para provocar su iluminación uniforme. El pulso del láser ioniza, casi instantáneamente, los átomos de la capa exterior de la pastilla; el material del interior, de cierto radio crítico, se mantiene opaco a la energía del láser. La energía incidente es absorbida en la densa capa de plasma que rodea el combustible de deuterio y tritio. La capa calentada de plasma se expande y se separa del resto de la pastilla, la velocidad del plasma de ablación es de unos 1.000 kilómetros por segundo. Una fuerza igual y opuesta, tal como establece la tercera ley de Newton, acelera el material encerrado por la capa de ablación hacia adentro, como si fuera un cohete propulsado por un plasma que escapara de él en todas direcciones. La fuerza concéntrica de implosión acelera el resto de las cápsulas hasta una velocidad de varios cientos de kilómetros por segundo en una mil-millonésima de segundo. El radio del combustible se comprime hasta su quincuagésima parte; la elevada temperatura y alta densidad del combustible provocan entonces la fusión del mismo.



CUESTIONES:

a) Rasgos lingüísticos motivados por la objetividad.
b) Tecnicismos.
c) Rasgos lingüísticos propiciados por el deseo de claridad.
d) Indica cómo se formó la palabra láser y el nombre que tienen las palabras así formadas.
e) Palabras de lengua común trasvasadas a la terminología científica.
f) Indica las palabras con significado científico que tienen su origen en raíces clásicas o en una combinación de ellas.
g) Indica los nombres abstractos que aparecen en las diez primeras líneas.

domingo, 1 de marzo de 2009

Primera visión de marzo

Poema iniciático y augural de Pere Gimferrer, escrito con técnica surrealista, con toques muy aleixandrinos (la conjunción “o” con valor identificativo y no disyuntivo; cfr. La destrucción o el amor), encabalgamientos abruptos, una constante yuxtaposición de imágenes y momentos poéticos entre los que se abre la propia reflexión sobre el acto de la escritura.Este “raro poema empezado al azar una tarde de marzo”, como refiere el propio poeta, es una de las joyas del poemario Arde el mar (1965). He aquí el primer movimiento de los cuatro que forman el poema.

Marcelino Cortés

¡Transmutación! El mar, como un jilguero,
vivió en las enramadas. Sangre, dime,
repetida en los pulsos,
que es verdad el color de la magnolia, el grito
del ánade a lo lejos, la espada en mi cintura
como estatua o dios muerto, bailarín de teatro.
¿No me mentís? Sabría
apenas alzar lámparas, biombos,
horcas de nieve o llama en esta vida
tan ajena y tan mía, así interpuesta
como en engaño o arte, mas por quién
o por qué misericordia?
Yo fui el que estuvo en este otro jardín
ya no cierto, y el mar hecho ceniza
fingió en mis ojos su estremecimiento
y su vibrar de aletas, súbitamente extáticas
cuando el viento cambió y otras voces venían
—¿desde aquella terraza?— en vez de las antiguas,
color de helecho y púrpura, armadura en el agua.
Tanto poema escrito en unos meses,
tanta historia sin nombre ni color ni sonido,
tanta mano olvidada como musgo en la arena,
tantos días de invierno que perdí y reconquisto
sobre este mismo círculo y este papel morado.
No hay pantalla o visera, no hay trasluz
ni éstas son sombras de linterna mágica:
cal surca el rostro del guerrero, roen
urracas o armadillos el encaje de los claustros.
Yo estuve una mañana, casi hurtada
al presuroso viaje: tamizaban la luz
sus calados de piedra, y las estatuas
—soñadas desde niño— imponían su fulgor inanimado
como limón o esfera al visitante.
Visión, sueño yo mismo,
contemplaba la estatua en un silencio
hecho sólo de memoria, cristal o piedra tallada
pero frío en las yemas, ascendiendo
como un lento amarillo sobre el aire en tensión.
Hacia otro, hacia otra
vida, desde mi vida, en el común
artificio o rutina con que se hace un poema,
un largo poema y su gruesa artillería,
sin misterio, ni apenas
este sordo conjuro que organiza palabras o fluctúa
de una a otra, vivo en su contradicción.
Interminablemente, mar,
supe de ti: gaviotas a lo lejos
se volvían espuma, y ella misma
era una larga línea donde alcanzan los ojos: unidad. Y en el agua
van y vienen tritones y quimeras, pero es más fácil
decir que vivo en ella y que mi historia
se relata en su pálido lenguaje.
Pentagrama marino, arquitectónico,
qué lejano a este instante muerto bajo la mesa,
al sol en la pecera y el ámbar en los labios,
a la lengua de cáñamo que de pronto ayer tuve.
Interiormente llamo o ilumino
esferas del pasado y me sé tan distinto
como se puede ser siendo uno mismo y pienso
en el mejor final para este raro poema
empezado al azar una tarde de marzo.

jueves, 26 de febrero de 2009

Un juglar que enseña literatura

Por DAVID CASALS

(Este artículo, aparecido en el periódico El País, habla del cantautor que actuó en el Taller de Cantología de la Biblioteca Nacional, al que asistieron alumnos de 4º y 1º)

Cómo tienen que ingeniárselas los profesores de lengua para que sus clases entusiasmen a sus alumnos? ¿Puede ser la clase de literatura algo divertido? El profesor de secundaria y cantautor Emiliano Valdeolivas ha encontrado una fórmula magistral que resuelve ambas cuestiones: poner música a los poemas. "Durante una hora interpreto ante los alumnos de secundaria y bachillerato los poemas que estudian en clase", concreta. Y este recorrido lo hace de una forma bien sencilla: cantando, sólo acompañado por los acordes de su guitarra.
Esta propuesta dura algo más de una hora. Y en ella se propone un paseo cronológico por la literatura castellana. El viaje empieza con las primeras jarchas medievales y acaba en la poesía contemporánea. Aunque también se hace parada en los romances populares que nacieron en el medievo, la lírica renacentista y barroca, y las generaciones del 98 y del 27.
De entrada, este programa puede resultar un tanto denso. Emiliano, con mucho sentido del humor, logra romper el hielo. De este modo, su público, alumnos de secundaria y bachillerato -que prefieren el pop a la lírica medieval-, quedan enganchados escuchando poesía. La música amansa a las fieras, dice el refranero popular. Y Emiliano logra cumplirlo e incluso consigue que muchos de los chavales disfruten con la poesía, algo que para muchos padres y docentes parece imposible.
"Ninguna actuación es igual. Llevo musicando poemas desde que tenía 20 años y selecciono el programa con los profesores. El propósito es que los alumnos escuchen, con música, los mismos poemas que han trabajado en la clase de lengua, y que tienen en su libro de texto", indica Valdeolivas. Para lograrlo, canta poesías cortas e introduce cada verso con una buena dosis de humor. Una de sus últimas actuaciones la hizo el pasado jueves por la tarde en el instituto Lluís Vives de Barcelona.
"Huyo de la clase magistral e interactúo con ellos. La clave consiste en no hacerse pesado y procurar que, a lo largo de la actuación, haya alguna pequeña sorpresa", añade. Dicho de otro modo: Emiliano pretende ser, por unas horas, el juglar de nuestro tiempo.
Emiliano empezó a musicar poemas cuando tenía 20 años y estudiaba Magisterio. Cuando empezó a dar clases, hace dos décadas, se dio cuenta de que podía introducir en sus clases de lengua los poemas que había musicado. Luego llegó el boca a boca. Su idea corrió como la pólvora y empezó a hacer actuaciones. Primero, en los pueblos vecinos. Actualmente dedica sus dos tardes libres semanales a recorrer los institutos. El resto de su tiempo lo dedica a dar clases de lengua y música en un instituto de la ciudad donde reside, Rubí, una localidad industrial situada en el cinturón de Barcelona.
Los fines de semana, Emiliano recorre los pueblos de la llamada ruta del Cid. En este caso, canta a las familias fragmentos de las épicas de Rodrigo de Vivar. Incluso tiene tiempo para grabar discos pensados para hacer más fácil a los profesores la clase de literatura.

domingo, 22 de febrero de 2009

FAMILIAS LINGÜÍSTICAS

De origen latino......... 5163 (65,01%)
De origen griego........ 2198 (27,67%)
De origen germánico... 468 (05,89%)
De origen sánscrito........ 41 (0,51%)
De origen céltico........... 40 (0,50%)
De origen eslavo........... 12 (0,15%)
De origen iranio............. 19 (0,23%)

De origen latino por vías indirectas: 622
De origen latino a través del árabe: 21
De origen griego por vías indirectas: 309
De origen griego a través del árabe: 24
De origen germánico a través del árabe: 2
De origen céltico a través del árabe: 1
De origen iranio a través del árabe: 5
Por medio del árabe: 62

100%: 7941 voces.


PROTO-INDO-EUROPEO

Balto-eslavo:

Báltico (Prusiano antiguo, Lituano, Letón)
Eslavo: Eslavo oeste (Polaco, Checo); Eslavo sur (Esloveno, Serbocroata, Macedonio, Búlgaro, Eslavo antiguo eclesiástico); Eslavo este (Ruso, Bielorruso).

2. Germánico

Germánico norte: Escandinavo antiguo (Islandés, Noruego), Sueco, Danés.
Germánico oeste: Inglés, Frisón, Holandés, Alemán.
Germánico este: Gótico.

3 Céltico
Insular Goidélico: Irlandés (Gaélico irlandés, Gaélico escocés), Británico (Gales, Córnico, Bretón)
Continental: Galo, Celtíbero, Lepóntico
Itálico: Latino-falisco
4.1.1 Falisco
4.1.2 Latín
4.1.2.1 Portugués
4.1.2.2 Gallego
4.1.2.3 Español
4.1.2.4 Catalán
4.1.2.5 Provenzal
4.1.2.6 Francés
4.1.2.7 Italiano
4.1.2.8 Retorromano
4.1.2.9 Rumano
4.2 Osco-umbro
4.2.1 Osco
4.2.2 Umbro
5 Ilirio
6 Albanés
6.1 Guego
6.2 Tosco
7 Helénico
7.1 Griego
8 Armenio
9 Frigio
10 Anatolio
10.1 Lidio
10.2 Licio
10.3 Luvio jeroglífico
10.4 Luvio
10.5 Palaico
10.6 Hetita
11 Indo-iranio
11.1 Índico
11.1.1 Dardo
11.1.2 Sánscrito
11.1.2.1 Sindhi
11.1.2.2 Romani
11.1.2.3 Urdu
11.1.2.4 Hindi
11.1.2.5 Bihari
11.1.2.6 Bengalí
11.1.2.7 Gujrati
11.1.2.8 Singalés
11.2 Iranio
11.2.1 Pasto
11.2.2 Baluchi
11.2.3 Kurdo
11.2.4 Sogdiano
11.2.5 Avéstico
11.2.6 Persa antiguo
11.2.6.1 Persa
11.2.6.2 Pahleví
12 Tocario
12.1 Tocario ATocario B

sábado, 21 de febrero de 2009

El mundo todo es máscaras: todo el año es Carnaval

Por Mariano José de Larra

Entrámonos de nuevo en el salón de baile y, cansado ya de observar y de oír sandeces, prueba irrefragable de lo reducido que es el número de hombres dotados por el cielo con travesura y talento, toda mi ambición se limitó a conquistar con los codos y los pies un rincón donde ceder algunos minutos a la fatiga. Allí me recosté, púseme la careta para poder dormir sin excitar la envidia de nadie, y columpiándose mi imaginación entre mil ideas opuestas, hijas de la confusión de sensaciones encontradas de un baile de máscaras, me dormí, mas no tan tranquilamente como lo hubiera yo deseado.Los fisiólogos saben mejor que nadie, según dicen, que el sueño y el ayuno, prolongado sobre todo, predisponen la imaginación débil y acalorada del hombre a las visiones nocturnas y aéreas, que vienen a tornar en nuestra irritable fantasía formas corpóreas cuando están nuestros párpados aletargados por Morfeo. Más de cuatro que han pasado en este bajo suelo por haber visto realmente lo que realmente no existe, han debido al sueño y al ayuno sus estupendas apariciones. Esto es precisamente lo que a mí me aconteció, porque al fin, según expresión de Terencio, homo sum et nihil humani a me alienum puto.No bien había cedido al cansancio, cuando imaginé hallarme en una profunda oscuridad; reinaba el silencio en torno mío; poco a poco una luz fosfórica fue abriéndose paso lentamente por entre las tinieblas, y una redoma mágica se me fue acercando misteriosamente por sí sola, como un luminoso meteoro. Saltó un tapón con que venía herméticamente cerrada, un torrente de luz se escapó de su cuello destapado, y todo volvió a quedar en la oscuridad. Entonces sentí una mano fría como el mármol que se encontró con la mía; un sudor yerto me cubrió; sentí el crujir de la ropa de una fantasma bulliciosa que ligeramente se movía a mi lado, y una voz semejante a un leve soplo me dijo con acentos que no tienen entre los hombres signos representativos: «Abre los ojos, Bachiller; si te inspiro confianza, sígueme»; el aliento me faltó flaquearon mis rodillas; pero la fantasma despidió de sí un pequeño resplandor, semejante al que produce un fumador en una escalera tenebrosa aspirando el humo de su cigarro, y a su escasa luz reconocí brevemente a Asmodeo, héroe del Diablo Cojuelo.
-Te conozco -me dijo-, no temas; vienes a observar el carnaval en un baile de máscaras. ¡Necio!, ven conmigo; do quiera hallarás máscaras, do quiera carnaval, sin esperar al segundo mes del año.
Arrebatome entonces insensible y rápidamente, no sé si sobre algún dragón alado, o vara mágica, o cualquier otro bagaje de esta especie. Ello fue que alzarme del sitio que ocupaba y encontrarnos suspendidos en la atmósfera sobre Madrid, como el águila que se columpia en el aire buscando con vista penetrante su temerosa presa, fue obra de un instante. Entonces vi al través de los tejados como pudiera al través del vidrio de un excelente anteojo de larga vista.
-Mira -me dijo mi extraño cicerone-. ¿Qué ves en esa casa?
-Un joven de sesenta años disponiéndose a asistir a una suaré; pantorrillas postizas, porque va de calzón; un frac diplomático; todas las maneras afectadas de un seductor de veinte años; una persuasión, sobre todo, indestructible de que su figura hace conquistas todavía...
-¿Y allí?
-Una mujer de cincuenta años.
-Obsérvala; se tiñe los blancos cabellos.
-¿Qué es aquello?
-Una caja de dientes; a la izquierda una pastilla de color; a la derecha un polisón.
-¡Cómo se ciñe el corsé! Va a exhalar el último aliento.
-Repara su gesticulación de coqueta.
-¡Ente execrable! ¡Horrible desnudez!
-Más de una ha deslumbrado tus ojos en algún sarao, que debieras haber visto en ese estado para ahorrarte algunas locuras.
-¿Quién es aquel más allá?
-Un hombre que pasa entre vosotros los hombres por sensato; todos le consultan: es un célebre abogado; la librería que tiene al lado es el disfraz con que os engaña. Acaba de asegurar a un litigante con sus libros en la mano que su pleito es imperdible; el litigante ha salido; mira cómo cierra los libros en cuanto salió, como tú arrojarás la careta en llegando a tu casa. ¿Ves su sonrisa maligna? Parece decir: venid aquí, necios; dadme vuestro oro; yo os daré papeles, yo os daré frases. Mañana seré juez; seré el intérprete de Temis. ¿No te parece ver al loco de Cervantes, que se creía Neptuno? […]
Al llegar aquí estábamos ya en el baile de máscaras; sentí un golpe ligero en una de mis mejillas. «¡Asmodeo!», grité. Profunda oscuridad; silencio de nuevo en torno mío. «¡Asmodeo!», quise gritar de nuevo; despiértame empero el esfuerzo. Llena aún mi fantasía de mi nocturno viaje, abro los ojos, y todos los trajes apiñados, todos los países me rodean en breve espacio; un chino, un marinero, un abate, un indio, un ruso, un griego, un romano, un escocés... ¡Cielos! ¿Qué es esto? ¿Ha sonado ya la trompeta final? ¿Se han congregado ya los hombres de todas las épocas y de todas las zonas de la tierra, a la voz del Omnipotente, en el valle de Josafat...? Poco a poco vuelvo en mí, y asustando a un turco y una monja entre quienes estoy, exclamo con toda la filosofía de un hombre que no ha cenado, e imitando las expresiones de Asmodeo, que aún suenan en mis oídos: «El mundo todo es máscaras: todo el año es carnaval».


El Pobrecito Hablador, nº 12, 14 de marzo de 1833

jueves, 19 de febrero de 2009

ORDENADORES DEL DISCURSO

1. ESTRUCTURADORES DE LA INFORMACIÓN

1.1. Para volver al asunto general: pues, pues bien, así las cosas, dicho esto, dicho lo cual, dicho eso.
1.2. Para ordenar la información
1.2.1. Para empezar: en primer lugar, primeramente, por una parte, por un lado, de una parte, de un lado.
1.2.2. Para continuar: en segundo lugar (en tercer lugar, etc.), por otra (parte), por otro (lado), por su parte, de otra (parte), de otro (lado), asimismo, igualmente, de igual forma/modo/manera, luego, después.
1.2.3. Para terminar: por último, en último lugar, en último término, en fin, por fin, finalmente
1.3. Para salirse del asunto e iniciar una digresión: por cierto, a propósito, a todo esto

2. CONECTORES

2.1. Para agregar: además, encima, aparte, por añadidura, incluso/inclusive, es más
2.2. Para indicar una consecuencia: pues, así pues, por tanto/por lo tanto, por consiguiente, consiguientemente, consecuentemente, por ende, de ahí, en consecuencia, de resultas, así, entonces
2.3. Para contraargumentar: en cambio, por el contrario, al contrario, por el contrario, antes bien, sin embargo, no obstante, con todo, con todo y con eso, empero, ahora bien, ahora, eso sí
2.4. Para reformular:
2.4.1. Para explicar: o sea, es decir, esto es, a saber
2.4.2. Para rectificar: mejor dicho, más bien, digo
2.4.3. Para distanciarse: en cualquier caso, en todo caso, de todos modos, de todas formas, de todas maneras, de cualquier modo, de cualquier forma, de cualquier manera
2.4.4. Para recapitular: en suma, en conclusión, en resumen, en resumidas cuentas, en definitiva, a fin de cuantas, en fin, total, al fin y al cabo, después de todo.
2.5. Para argumentar: en realidad, en el fondo, de hecho, por ejemplo, en concreto, en particular.
2.6. Marcadores conversacionales:
2.6.1. Para resaltar afirmaciones: desde luego, por supuesto, naturalmente, claro, sin duda
2.6.2. Para indicar aceptación: bueno, bien, vale, de acuerdo.
2.6.3. Para llamar la atención del oyente: hombre, bueno, vamos, mira, oye

martes, 17 de febrero de 2009

SINTAXIS

SUBORDINACIÓN CONCESIVA

1. Aunque pasó la noche viajando, Galileo no sentía sueño.
2. Aunque de boca para afuera han aceptado la república, siguen siendo monárquicos recalcitrantes.
3. Marcha sin vacilar, pese a que el viento ha borrado a trechos las huellas.
4. Aun suponiendo que estos ejercicios sean saludables, nunca han de sernos de gran provecho

SUBORDINACIÓN CONDICIONAL

1. Si le da un cólico lo sangraré.
2. Si encuentran a la mujer, trátenla con delicadeza.
3. Como no las case pronto van a darme muchos disgustos.
4. Me ofreció aumentarme el sueldo a condición de que me olvidara de la historia.

SUBORDINACIÓN CONSECUTIVA

1. El hombre era tan flaco que parecía enfermo de desnutrición.
2. No conocía la distribución de los aposentos ni la colocación de los muebles, de modo que anduve muy cauteloso.
3. Tenemos los medios de hacer hablar al más valiente de los idiotas, de manera que no nos haga perder el tiempo.

SUBORDINACIÓN COMPARATIVA

1. La religiosidad del beato era tan grande como su bondad.
2. Tengo más miedo al hambre que a los toros.
3. Tú lo sabes mejor que yo.
4. Las paredes estaban pintadas de verde, al igual que las puertas.

COORDINACIÓN COPULATIVA

1. El cabo se había calado las gafas y ojeaba el código.
2. Juan alarga el brazo, toma a Catalina de la cintura y la sienta en sus rodillas.
3. No morí ni desaparecí.
4. La gitana saludó, recogió su capa, se la echó sobre los hombros, envió un beso y desapareció.

COORDINADAS DISYUNTIVAS

1. ¿Desayunará solo el señor o sirvo también el desayuno de la señora?
2. O te decides ahora a tomar las riendas a tu destino o acabarás como yo.

COORDINADAS ADVERSATIVAS

1. No fumaba, pero ahora sí fumo.
2. Algunos sentimientos perduran a través del tiempo, pero no por eso han de ser eternos.
3. La sequía había expulsado de Custodia a muchas familias, pero aún quedaban ranchos habitados.
4. El dinero no se inventó para guardarlo sino para hacerlo circular.

COORDINADAS DISTRIBUTIVAS

1. Algunos discípulos de Mairena aprendieron de memoria el verso; otros recordaban la traducción.
2. De todos ellos, unos cambiaron de profesión cuando vino la crisis; otros que lo intentaron no lo consiguieron.

COORDINADAS EXPLICATIVAS

1. Río acordó intervenir militarmente en Bahía, con el voto unánime del congreso; es decir, el Gobierno y el Congreso oficializan la tesis de la conspiración.

YUXTAPOSICIÓN

1. Las ciudades no huyen, se queman, se pudren, se desbaratan.
2. Pasa, pasa, no tengas miedo.
3. El viejo financiero estaba pálido, le temblaban ligeramente los labios descoloridos.
4. El célebre argumento no es una prueba; pretende ser una evidencia.

VALORES DE SE

1. No se lo digo, señor comisario.
2. Se la regaló a las monjas del Divino Verbo.
3. El hombre de oscuro se lleva la mano al sombrero.
4. Lepprince entró en el antepalco y se bebió la limonada.
5. A la caída de la tarde se peina un poco.
6. Si le damos carnada, él mismo se colgará.
7. Las mujeres se arremangaron las faldas.
8. Se limpió los bigotes con la servilleta.
9. Se despidieron en la puerta del sanatorio.
10. Se saludaron como generales.
11. Ellos se pasan las consignas y se dan las manos.
12. Le di un puntapié pero no se quejó.
13. Esperaban que se dignara verlos.
14. Inmediatamente se ponía a rezar.
15. Los tiempos se han vuelto confusos.
16. El paisaje se había secado.
17. La mano derecha de la Baronesa se posó sobre el brazo de Gumucio.
18. Se concede licencia para el establecimiento de dos casquerías.
19. La traición se agradece.
20. Se habla del fracaso de los intelectuales en política.
21. Se convoca a los amantes de la justicia a un acto público.

VALORES DE “QUE”

1. De Málaga comunica el gobernador que el entusiasmo es extraordinario.
2. Bendito sea Dios, que ya lo tenemos a Usted en casa.
3. Que estén en tu santa gloria, señor.
4. ¿Te acuerdas del toro que enloqueció y embistió a los niños que salían del catecismo?
5. Parece que no os interesa lo que digo.
6. Dígame en qué puedo servirle, señor.
7. ¿Qué percances eran aquellos?
8. ¡Qué razón tenía Antoñito Arévalo!

VALORES DE “DONDE”.

1. Hay una taberna donde se despacha buen género.
2. Vamos adonde ustedes quieran.
3. Le digo dónde estaba.
4. ¿Dónde voy a llevarte si no tengo dinero?

VALORES DE “COMO”

1. Pregunté cómo la habían encontrado.
2. Entornaba los ojos como si le molestara el humo.
3. Como el viaje lo paga la universidad, a mi marido se le antojó hacerlo en barco.
4. Como no sea con señales de humo...

VALORES DE “CUANDO”

1. ¿Tenía trabajo cuando fue a Barcelona?
2. Los cervantistas nos dirán algún día cuándo en ellos habla la tierra, cuándo habla la raza.
3. ¿Cuándo y dónde nació usted?

VALORES DE “CUANTO”

1. Nos dicen todo cuanto saben de sí mismos.
2. Si eliminamos de la ley cuanto en ellos se contiene de escoria burocrática, aparece clara la enseñanza del Derecho.
3. Al toro de lidia no le interesa cuanto acontece en la plaza.
4. ¿Cuánto quieres por tu parte de la herencia?

FORMAS NO PERSONALES

1. Es fácil convertir a un mozo en asesino.
2. Era volver a caer bajo el influjo benéfico del salón.
3. Los enemigos querían esquilmar a los moradores.
4. El animal relincha feliz de sentir la vecindad del campo.
5. Al entrar en Natuba, el consejero y los peregrinos oyeron un zumbido de avispas.
6. Me pagan por estar allí.
7. Él fue ayer a la Pensión Nuestra Señora de las Gracias a buscarlo.
8. ¡A comer, que parecéis dos sardinas arenques!
9. ¿Para qué darles ese disgusto?
10. ¡Quemar Calambí!
11. Van detrás del entierro rezando sus oraciones.
12. Trepando al cerro se arañó las manos y resbaló.
13. El foragido, aprovechando la situación, desaparece en la maleza.
14. Hay una hilera de gallinas durmiendo entre vasijas.
15. El miedo a equivocarse, rechazando a un buen hombre, laceraba su corazón.
16. Les dispararon, sabiendo que no los alcanzarían, pero a nadie se le ocurrió perseguirlos.
17. Estaba sudoroso, sucio, preocupado.
18. Julianín, dormido en la cocina de la taberna, no sospecha que la gente pueda andar de noche por la calle.
19. El sacristán, los ojos aún cerrados, oyó cantar al gallo.
20. Rebañado el último plato, hizo ademán de abandonar el local.

La mayoría de las oraciones proceden de las novelas La verdad sobre el caso Savolta, de Eduardo Mendoza, y San Camilo 1936, de Camilo J. Cela.

Modernismo y 98

He visto ayer por una ventana un tiesto lleno de lilas y de rosas pálidas, sobre un trípode. Por fondo tenía uno de esos cortinajes amarillos y opulentos, que hacen pensar en los mantos de los príncipes orientales. Las lilas recién cortadas resaltaban con su lindo color apacible, junto a los pétalos esponjados de las rosas té. Junto al tiesto, en una copa de laca ornada con ibis de oro incrustados, incitaban a la gula manzanas frescas, medio coloradas, con la pelusilla de la fruta nueva y la sabrosa carne hinchada que toca el deseo; peras doradas y apetitosas, que daban indicios de ser todas jugo y como esperando el cuchillo de plata que debía rebanar la pulpa almibarada; y un ramillete de uvas negras, hasta con el polvillo ceniciento de los racimos acabados de arrancar de la viña.Acerqueme, vilo de cerca todo. Las lilas y las rosas eran de cera, las manzanas y las peras de mármol pintado y las uvas de cristal.¡Naturaleza muerta!


RUBÉN DARÍO, Azul


...Unas campanas me despiertan; son tres campanas; dos hacen un tan, tan sonoro y ruidoso, y la tercera, como sobrecogida, temerosa, canta, por bajo de este acompañamiento, una melodía larga, suave, melancólica. Cervantes oiría entre sueños, todas las madrugadas, como yo ahora, estas campanas melodiosas. Aún es de noche; todavía la luz del alba no clarea en las rendijas de la puerta y de la ventana. Y me torno a dormir. Y luego las mismas campanas, el mismo acompañamiento clamoroso y la misma melopea suave me torna a despertar. Ya la luz del nuevo día pinta rayas y puntos vivos en las maderas de las puertas. Unas palomas ronronean en el piso de arriba y andan con golpes menuditos sobre el techo; los gorriones pían furiosos; silba un mirlo a lo lejos... El campo está verde; en la lejanía, cuando he abierto la ventana, veo una casa blanca, nítida, perdida en la llanura; cerca, a la izquierda, un vetusto caserón, uno de esos típicos caserones manchegos, cerrados siempre, que muestra sus tres balcones viejos, con las maderas despintadas, misteriosas, inquietadoras.



JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ, AZORÍN, “La novia de Cervantes”, II. En Los pueblos

domingo, 15 de febrero de 2009

Prosa modernista

El miedo
Ramón del Valle Inclán

Ese largo y angustioso escalofrío que parece mensajero de la muerte, el verdadero escalofrío del miedo, sólo lo he sentido una vez. Fue hace muchos años, en aquel hermoso tiempo de los mayorazgos, cuando se hacía información de nobleza para ser militar. Yo acababa de obtener los cordones de Caballero Cadete. Hubiera preferido entrar en la Guardia de la Real Persona; pero mi madre se oponía, y siguiendo la tradición familiar, fui granadero en el Regimiento del Rey. No recuerdo con certeza los años que hace, pero entonces apenas me apuntaba el bozo y hoy ando cerca de ser un viejo caduco. Antes de entrar en el Regimiento mi madre quiso echarme su bendición. La pobre señora vivía retirada en el fondo de una aldea, donde estaba nuestro pazo solariego, y allá fui sumiso y obediente. La misma tarde que llegué mandó en busca del Prior de Brandeso para que viniese a confesarme en la capilla del Pazo. Mis hermanas María Isabel y María Fernanda, que eran unas niñas, bajaron a coger rosas al jardín, y mi madre llenó con ellas los floreros del altar. Después me llamó en voz baja para darme su devocionario y decirme que hiciese examen de conciencia:
-Vete a la tribuna, hijo mío. Allí estarás mejor...
La tribuna señorial estaba al lado del Evangelio y comunicaba con la biblioteca. La capilla era húmeda, tenebrosa, resonante. Sobre el retablo campeaba el escudo concedido por ejecutorias de los Reyes Católicos al señor de Bradomín, Pedro Aguiar de Tor, llamado el Chivo y también el Viejo. Aquel caballero estaba enterrado a la derecha del altar. El sepulcro tenía la estatua orante de un guerrero. La lámpara del presbiterio alumbraba día y noche ante el retablo, labrado como joyel de reyes. Los áureos racimos de la vid evangélica parecían ofrecerse cargados de fruto. El santo tutelar era aquel piadoso Rey Mago que ofreció mirra al Niño Dios. Su túnica de seda bordada de oro brillaba con el resplandor devoto de un milagro oriental. La luz de la lámpara, entre las cadenas de plata, tenía tímido aleteo de pájaro prisionero como si se afanase por volar hacia el Santo.
Mi madre quiso que fuesen sus manos las que dejasen aquella tarde a los pies del Rey Mago los floreros cargados de rosas como ofrenda de su alma devota. Después, acompañada de mis hermanas, se arrodilló ante el altar. Yo, desde la tribuna, solamente oía el murmullo de su voz, que guiaba moribunda las avemarías; pero cuando a las niñas les tocaba responder, oía todas las palabras rituales de la oración. La tarde agonizaba y los rezos resonaban en la silenciosa oscuridad de la capilla, hondos, tristes y augustos, como un eco de la Pasión. Yo me adormecía en la tribuna. Las niñas fueron a sentarse en las gradas del altar. Sus vestidos eran albos como el lino de los paños litúrgicos. Ya sólo distinguía una sombra que rezaba bajo la lámpara del presbiterio. Era mi madre, que sostenía entre sus manos un libro abierto y leía con la cabeza inclinada. De tarde en tarde, el viento mecía la cortina de un alto ventanal. Yo entonces veía en el cielo, ya oscura, la faz de la luna, pálida y sobrenatural como una diosa que tiene su altar en los bosques y en los lagos...
Mi madre cerró el libro dando un suspiro, y de nuevo llamó a las niñas. Vi pasar sus sombras blancas a través del presbiterio y columbré que se arrodillaban a los lados de mi madre. La luz de la lámpara temblaba con un débil resplandor sobre las manos que volvían a sostener abierto el libro. En el silencio la voz leía piadosa y lenta. Las niñas escuchaban. y adiviné sus cabelleras sueltas sobre la albura del ropaje y cayendo a los lados del rostro iguales, tristes, nazarenas. Habíame adormecido, y de pronto me sobresaltaron los gritos de mis hermanas. Miré y las vi en medio del presbiterio abrazadas a mi madre. Gritaban despavoridas. Mi madre las asió de la mano y huyeron las tres. Bajé presuroso. Iba a seguirlas y quedé sobrecogido de terror. En el sepulcro del guerrero se entrechocaban los huesos del esqueleto. Los cabellos se erizaron en mi frente. La capilla había quedado en el mayor silencio, y oíase distintamente el hueco y medroso rodar de la calavera sobre su almohada de piedra. Tuve miedo como no lo he tenido jamás, pero no quise que mi madre y mis hermanas me creyesen cobarde, y permanecí inmóvil en medio del presbiterio, con los ojos fijos en la puerta entreabierta. La luz de la lámpara oscilaba. En lo alto mecíase la cortina de un ventanal, y las nubes pasaban sobre la luna, y las estrellas se encendían y se apagaban como nuestras vidas. De pronto, allá lejos, resonó festivo ladrar de perros y música de cascabeles. Una voz grave y eclesiástica llamaba:
-¡Aquí, Carabel! ¡Aquí, Capitán...!
Era el Prior de Brandeso que llegaba para confesarme. Después oí la voz de mi madre trémula y asustada, y percibí distintamente la carrera retozona de los perros. La voz grave y eclesiástica se elevaba lentamente, como un canto gregoriano:
-Ahora veremos qué ha sido ello... Cosa del otro mundo no lo es, seguramente... ¡Aquí, Carabel! ¡Aquí, Capitán...!
Y el Prior de Brandeso, precedido de sus lebreles, apareció en la puerta de la capilla:
-¿Qué sucede, señor Granadero del Rey?
Yo repuse con voz ahogada:
-¡Señor Prior, he oído temblar el esqueleto dentro del sepulcro...!
El Prior atravesó lentamente la capilla. Era un hombre arrogante y erguido. En sus años juveniles también había sido Granadero del Rey. Llegó hasta mí, sin recoger el vuelo de sus hábitos blancos, y afirmándome una mano en el hombro y mirándome la faz descolorida, pronunció gravemente:
-¡Que nunca pueda decir el Prior de Brandeso que ha visto temblar a un Granadero del Rey...!
No levantó la mano de mi hombro, y permanecimos inmóviles, contemplándonos sin hablar. En aquel silencio oímos rodar la calavera del guerrero. La mano del Prior no tembló. A nuestro lado los perros enderezaban las orejas con el cuello espeluznado. De nuevo oímos rodar la calavera sobre su almohada de piedra. El Prior se sacudió:
-¡Señor Granadero del Rey, hay que saber si son trasgos o brujas!
Y se acercó al sepulcro y asió las dos anillas de bronce empotradas en una de las losas, aquella que tenía el epitafio. Me acerqué temblando. El Prior me miró sin despegar los labios. Yo puse mi mano sobre la suya en una anilla y tiré. Lentamente alzamos la piedra. El hueco, negro y frío, quedó ante nosotros. Yo vi que la árida y amarillenta calavera aún se movía. El Prior alargó un brazo dentro del sepulcro para cogerla. La recibí temblando. Yo estaba en medio del presbiterio y la luz de la lámpara caía sobre mis manos. Al fijar los ojos las sacudí con horror. Tenía entre ellas un nido de culebras que se desanillaron silbando, mientras la calavera rodaba por todas las gradas del presbiterio. El Prior me miró con sus ojos de guerrero que fulguraban bajo la capucha como bajo la visera de un casco:
-Señor Granadero del Rey, no hay absolución ...¡Yo no absuelvo a los cobardes!
Y con rudo empaque salió sin recoger el vuelo de sus blancos hábitos talares. Las palabras del Prior de Brandeso resonaron mucho tiempo en mis oídos. Resuenan aún. ¡Tal vez por ellas he sabido más tarde sonreír a la muerte como a una mujer!